31 julio 2006

Mexicaneando - Escena 6 - Aperitivo visual

He tenido algunos inconvenientes (bueno, en realidad varios) para subir fotos al blog. Pero algo pude hacer y si bien no son las más suculentas, aquí les colgué algunas imágenes capturadas en el DF para que vayan abriendo el apetito en espera de que encuentre la manera de solucionar mis inconvenientes (mentales).



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Azulejos en la fuente de un parquecito de Coyoacán.



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Misma fuente, misma plaza, otra perspectiva. La serpiente no es más que una manguera pero se me hizo poético el nombre.

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Escultura viviente de un perro muy mexicano. Puntos al que me diga la raza. Perro, tú no porque ya sos perro y quedás automáticamente descalificado.

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Esto señores, es chicharrón de cerdo, y en el morterote, aguacate, cebolla y tomate, y seguro que el chile está por ahí escondido. ¿No se les hace agua la boca? Y está ahí, en un mercadito barrial, esperando a ser probado...

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"¿Quedé lindo?", me preguntó el feriante después que hice click. Pocas veces te posan así para las fotos. Qué garbo!

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La mesa puesta en lo de Sylvia en la noche que finalmente pude agasajar a mi anfitriona con alguna delicia culinaria. Del plato caliente podría haber sacado uno foto también, pero cuando me acordé, ya no quedaba nada... Ups. Dicen que estaba rico, a pesar de que fui cambiando el invento de acuerdo a los ingredientes. Ah! Acaban de conocer mi versión personal de una ensalada capresse.
Pronto, querubines, pronto les mostraré más, y les contaré más también.

27 julio 2006

Mexicaneando - Escena 5 - Crónica electoral

No me gusta la política, en realidad, porque he sufrido muchas etapas de desencanto al respecto, tanto a nivel partidario como a nivel universitario... Lo cierto es que la política me es un acto antinatural, necesario, sí, pero forzado en muchos, digamos que la mayoría de los ámbitos donde se aplica.
Así que como muchos, la sufro y la acato, y no me queda otra que participar en las instancias cívicas, por derecho y obligación. Vengo optando por le "menos pior", sin fijarme en el partido, sino en el equipo de trabajo que hay detrás.
Es horrible cuando uno al final de cuentas ve que no importa lo que se vote, ni quien gane, es el mismo dedo el que se le encaja a la gente más o menos esperanzada. Pero así es el juego y el que no aprende a jugarlo, se queda sin el pan y sin la torta. Es cierto, jugándolo también puede suceder, o puede que te metan una patada en el sur de la espalda, pero al menos jugaste y perdiste, que es un poco más digno que no haber jugado at all.

¿Y a qué caranchos voy con la introducción?
Básicamente, voy a que ustedes saben que me tocó visitar México en época de elecciones. Viví la votación, los conteos y desajustes, la bronca de la gente, el escepticismo... En un país fuertemente politizado ya de por sí es imposible escapar del tema, y mucho más difícil en estas circunstancias electorales. Así que imaginen que aunque me esforcé y empeñé en alejarme del tema, el tema volvía a mí golpeándome la cara.

Para que tengan un pantallazo muy tosco del escenario político mexicano, tres partidos cuentan en este momento con el mayor apoyo de la población. Uno de ellos es ahora un fantasma del pasado, el PRI (Partido Revolucionario Institucional), de centro izquierda, que ha perdido muchísimos votantes en los últimos años. Luego tenemos al PAN (Partido de Acción Nacional), de derecha, partido al cual pertenece el actual presidente, "palabra veloz" Fox, cuyas pelotudeces verbales públicas tienen que ser desmentidas por un vocero dos por tres ("Lo que el señor presidente Fox quiso decir..."). He llegado a pensar que si juntamos las frases de este señor, con las de nuestro ex presidente Batlle, haríamos un buen espectáculo de payasos. El PRD (Partido de Revolución Democrática), por su parte, es un partido de izquierda emergente, y con tanto quilombo interno como cualquier partido de izquierda, pero gran cantidad de nuevos adherentes.

No es mi intención aquí tomar partido ni generar una eterna discusión politiquera (lo digo especialmente por los mexicanos que de seguro leerán esto), sino contarles más o menos cómo pude ver los acontecimientos desde mi posición, que no es quizás la más erudita que digamos, pero bueno, quizás un poco menos contaminada de parcialidades.
Creo que explicando estos hechos podré comunicarles mejor una parte muy importante de la idiosincrasia del mexicano, desde mi ojeada breve que este mes de viaje y estadías varias me permitió dar.

El día de las elecciones, lo primero que me llamó la atención fue que las urnas eran de plástico, con ventanitas transparentes, y se armaban en el momento, frente a todos los delegados. Al preguntar sobre este hecho me comentaron que es una de las maneras de evitar ciertas tácticas de fraude electoral. Parece que los mexicanos son ases en eso de manipular votos, y no importa con quién hables, un 80% nombrará el fraude del año '88. Tan normal es esta práctica que las distintas técnicas de fraude electoral reciben nombres como el carrusel (un montón de gente van en camión y votan en distintas mesas), el ratón loco, los taqueros, etc...
La hoja de votación no se mete en un sobre como yo pensaría, sino que es una única boleta, con los iconitos de cada partido, donde el votante hace una cruz en su preferencia, y luego dobla a la mitad para ponerla en la urna. Con esta técnica, la compra de votos incluye por ejemplo el regalar celulares a los votantes con la condición de que saquen una foto de su hoja de votación con el mismo y salga con una imagen clara de su elección.
Otra forma más sutil de coacción del voto, parece ser el chantajear al votante con el apoyo gubernamental, programas sociales y ainda mais.
Y al ser yo medio opa para esas cosas, probablemente haya obviado muchas prácticas en este racconto. Creo que de todas maneras queda muy claro que eso del voto secreto y libre es relativo por estos lares. Además, el voto no es obligatorio, es decir que de los 60 millones de habitantes hábiles para votar, muchísimos optan por el silencio. Esta vez votaron alrededor de 42 millones.
Existían tres boletas distintas en estas elecciones; una para votar a los gobernadores estatales, otra para senadores y diputados, y la tercera para el presidente.

Al finalizar el acto cívico, el votante recibe una impresión casi imperceptible en su credencial indicando el año en que votó (la credencial es como una tarjeta de crédito, de plastiquito), y además, le pintan el dedo pulgar con una tinta (aparentemente) indeleble, para que no vote en otra mesa.
Trucos para borrar esa tinta, escuché muchos. Escuché por ahí que si te ponías crema en las manos, de la normalita para que no se te seque la piel, la tinta no pintaba, y que sino existían varias sustancias capaces de borrarla. En el DF sobre todo, eso es algo peligroso, ya que la gran mayoría de los votantes son normalmente oriundos de otros estados y deben votar en mesas especiales, por lo que el truco de la tinta puede habilitarlos a votar varias veces en distintas mesas especiales.

Pero la cosa fue tranquila, los votos fueron llenando aquellas urnas de plástico, y se olfateaba una cierta expectativa, aunque no una real tensión. Los contrincantes disputándose la presidencia son Felipe Calderón por el PAN, y Andrés Manuel López Obrador, por el PRD.

Una vez finalizada la votación, en cada mesa se separaron las distintas boletas y procedieron al conteo, se firmaron actas y se mandaron los resultados al IFE (Instituto Federal Electoral), para que vaya acumulando los datos. Quien decide sin embargo quién es el presidente, es el Tribunal Electoral.
El IFE cuenta con una página de internet en donde los resultados se iban actualizando de tanto en tanto. Los porcentajes se fueron ciñendo entre los candidatos, con una leve ventaja para Calderón, pero Obrador iba ganando votos rápidamente.
Debemos tener en cuenta que los estados que mandaron primeramente los votos fueron los del norte, tradicionalmente panistas, así que la ventaja de Calderón en esas primeras horas, era algo que se podría esperar. Pero claro, al ir incorporando los resultados de las mesas de estados como DF, Michoacán, Oaxaca, Veracruz, con una gran mayoría perredista y un increíble caudal de votantes en comparación, resulta lógico suponer este ascenso de Obrador en las estadísticas.
A eso de la 1am, el sistema del IFE se colgó justo cuando Obrador estaba alcanzando a Calderón. Una hora y media más tarde, cuando parece que se solucionó el problema internético, la ventaja de Calderón se mantenía.

Obviamente, para cualquiera con dos dedos de frente, sobre todo si es partidario del que estaba remontando, huele a chamuscado.

Al día siguiente, los titulares anunciaban los porcentajes más o menos así: Calderón, 36.7%, contra Obrador, 36.2%. ¿Usted no sospecharía? Yo me dije que en este caso, un buen balotaje no le vendría mal a nadie, pero la constitución de este país no establece nada por el estilo.
El clima de la población al segundo día, al menos en el DF, parecía de resignación, y queja, ambas... Pero a medida que fue pasando la semana, esa resignación se transformó en bronca e indignación, por lo que ese primer día después de la votación, diría que fue más bien la calma chicha antes de la tormenta, un momento de reflexión general donde la mayoría consideró todos los factores actuando en el asunto.
Se supo de unas urnas y actas de mesa perdidos, luego recuperados en un basurero. También se supo, de acuerdo a algunos de los observadores internacionales sobre ciertas "irregularidades" durante la votación. Y yo puedo opinar de lo que vi en las actas... una amplia ventaja de los diputados y senadores del PRD, y sin embargo, en la misma mesa, una tenue ventaja de Calderón a presidente.
Al menos que sea muy boluda y que me fallen la sinapsis un montón, en el caso de que esto pasara en la mesa donde yo voté, me pararía segurito sobre los pedales a reclamar que revean esos números, porque no se me hace posible matemáticamente y por lógica que sea así.

Parece que revieron algunas actas y las subieron nuevamente al conteo general, lo que ajustó las cuentas un poco más, y recuperó un millón y medio de votos obviados, que el IFE comentó que era un margen de error "aceptable" (y es inevitable que piense que lo que para ellos es un margen de error aceptable, para mí es la población de todo Montevideo). Al final de esta "revisión de actas", la ventaja de Calderón se estancó en unos 400 mil votos. Tengan en cuenta que 400 mil en 100 millones de habitantes de este país es una cifra irrisoria.
Al final, hasta yo me indigné. Los perredistas y otros votantes no simpatizantes con el partido puesto en desventaja, comenzaron entonces a reclamar que se haga un conteo voto por voto de todas las mesas de votación. Al escuchar esa petición me dije que por qué no, si no hubo fraude, entonces ninguno de los partidos debería oponerse a tal cosa. Sí, sé que es una inversión extra de tiempo y guita, pero al final de cuentas, se supone (y creo que se me escapa una risita sarcástica en este momento) que una democracia, el pueblo, los votantes, son los que deciden lo que necesitan. En este caso, necesitan un recuento de votos para asegurarse que no haya números perdidos por ahí como pasó con esos votos que se encontraron en la basura.

Ante la negativa del IFE y la noticia de que por su trabajo extra el gobierno les pagó una jugosa bonificación, la bronca e indignación fueron aumentando de nivel.

Y a mí la verdad, no me interesa demasiado quién gana, pero sí que se escuche a la población demandando un poco de claridad en el asunto.
Si me pongo en el lugar del que fue y votó (y escuché muchos comentarios y opiniones y sentires de algunos que fueron y votaron y no son muy distintos de los míos), me gustaría saber que no me tomaron por idiota y descartaron mi voto. Es algo básico, ¿no? Para que una democracia sea tal, el que tiene el derecho de votar, tiene derecho a exigir que quede claro cómo fue considerado su voto.

Ante esta situación, mi idea general de los mexicanos respecto de la política, es que hay un gran fervor, pero a la vez, una gran desazón. Parece que la clase política manipula los deseos de los votantes, con propagandas televisivas y radiales, carteles en las rutas donde se puede leer "El Gobierno del cambio cumple" cuando están arreglando el asfalto que un deslave se llevó puesto.
Vamo'arriba! Media pila!

Le comenté a Sylvia que a veces pareciera que el votante, y el pueblo mexicano en general, es considerado de la misma forma que un padre absorbente considera de incapaces a sus hijos, con la consecuencia directa de extender la adolescencia de estos ad libiditum. Al final el nene de 40 años espera que caiga la madre a lavarle la ropa y limpiarle la casa, y no piensa cambiar eso, porque fue acostumbrado a esto desde que tiene memoria.
El mexicano parece vivir en ese mismo limbo, donde el gobierno le dirige las narices, y hay que aceptarlo porque simplemente, ha sido así desde que se tiene memoria, y sabemos que hay mucho en la memoria de este pueblo, mucho que recordar, y mucho que usar como ejemplo.
"Al menos no estamos en dictadura", escuché decir en un micro uno de esos días en el DF. Allí vuelvo a pensar que si permiten que ignoren la voluntad de los votantes que piden un conteo voto por voto, entonces da lo mismo que parezca democracia, la esencia de la dictadura no se trata sólo de cómo se asume el poder, sino de cómo se atiende a la voluntad del pueblo. Y de eso, no tendría que explicar nada a los mexicanos que saben bien de lo que se trata una dictadura al haber sufrido la suya propia por mucho más tiempo que muchos de los países latinoamericanos.

Al continuar la negativa por el recuento de votos, empecé a parar la oreja y preguntar un poco por ahí, y de esta forma me enteré de que el que le vendió el sistema informático que utilizó el IFE, es el cuñado de Calderón. Muchos matemáticos y estadistas presentaron sus hipótesis sobre cómo un crecimiento logarítmico del porcentaje de Obrador fue neutralizado luego de que se calló el sistema del IFE durante esa hora y media de la primer madrugada de este cono de sombra en el que se acumulan los datos de las mesas.

Es pues aún más sospechoso para la población, incluso para mí que trato de mantener las patas fuera de los lodos políticos.

Entonces no me opuse para nada cuando me propusieron ir a la marcha hacia el Zócalo el domingo 16 de julio, bajo la consigna "Voto por voto, casilla por casilla".
Por supuesto, Obrador estuvo allí e invitó a otra marcha para el 30. Pero lo interesante de esta movilización, es que convocó bajo un solazo impresionante a más de 1.1 millón de personas. Yo ni siquiera llegué al Zócalo porque no pude avanzar más. Me quedé por Bellas Artes mirando una pantalla gigante, y escuchando de a ratos la oratoria, porque cada vez que pasaba un helicóptero por encima de nuestras cabezas, el audio se esfumaba por unos segundos.
Se había pedido a los participantes que se pusieran algo de color amarillo, por lo que durante toda la marcha y en la aglomeración de gente, el amarillo flasheaba por todos lados (como podrán apreciar en las fotos below).
Esta fue una marcha con pocas pancartas políticas, y muchas demostraciones caseras expresando la voluntad de los votantes.
Ese mismo día, a lo largo de la Avenida Juárez, muchos representantes del arte mexicano, escritores, pintores, escultores, etc, colaboraron con unas pancartas denunciando lo fulero que huele la cosa y apoyando el recuento de votos.
La marcha se transformó en un paseo, donde las personas enojadas y a la vez maravilladas por saberse acompañadas en su indignación, avanzaban hasta donde podían y se acoplaban a los cánticos generales. Muchos llegaron desde otros estados en ómnibus alquilados, vi ancianos en sillas de ruedas, familias enteras, mascotas, jóvenes, niños y adultos. Un muchacho se fabricó una cartulina con forma de calculadora que pedía al IFE que volviera a la escuela a aprender a sumar.
En la pantalla gigante de Bellas Artes pude ver imágenes desde el cielo del Zócalo, rodeando aquella inmensa bandera tricolor, y se me fue el aliento por unos segundos eternos.

La semana que siguió a esta marcha sucedió algo lamentable. Estropearon las carteleras de los artistas, que fueron rasgadas y cortadas. La reacción de la población fue de acudir a la avenida y reparar los carteles. Esto además alentó a otros artistas a contribuir también, por lo que ahora el número de carteles se incrementó.
Obviamente, la responsabilidad no tardó en ser adjudicada a los panistas, y los panistas alegaron no tener nada que ver. Ya a esa altura, la confrontación creció tanto que en un estado se fue a las piedras y los palos, al mejor estilo cromañónico.

Hoy en día, casi un mes después de las elecciones, la controversia continúa y todos esperan lo que dictamine el Tribunal Electoral.
Se viene otra marcha este domingo 30 y todos andan tirando apuestas a ver si llega a convocar la misma gente que el 16, o más, o menos.

Personalmente, sigo odiando la política, o mejor dicho, trato de seguir escapándole a la discusión sobre política. En México son incluso más evidentes los intereses económicos detrás de la búsqueda de ascenso político. Gobernar 100 millones de habitantes, supone manejar un poder inmenso, hacia adentro, y hacia afuera de las fronteras, y ni hablemos de lo que ello representa en términos monetarios.
Hoy escuchaba en un debate televisivo algo muy sensato. Gane quien gane, es justo decir que la diferencia va a ser mínima, y que por lo tanto es hora de hacer alianzas, crear convenios, negociar, legislar como debería ser la cosa. Sería muy inteligente por el lado de los partidos el mostrar el ejemplo, ya que adoran tanto ser padres y tutores, y ponerse a dialogar y hacer acuerdos. Y mientras tanto, recontar los votos.


"Quien nada debe, nada teme."


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22 julio 2006

Mexicaneando - Escena 4 - Demasiado pa' contá'!

Holátiles querubines!
Sin duda, les debo bastantes relatos, y están allí, sólo que vienen acumulándose como titulares en mi cuaderno verde en lugar de tener orden concreto.
Así que jugando un poco con la cronología de este viaje, aquí les va un compendio de impresiones del DF, y algunas cosillas paralelas que se me colaron.

Disfruten la lectura!


Amaneció ese primer viernes en DF con un tímido sol que calentó a ratos el pavimento. El punto de interés de esa mañana era el Museo Tamayo. O debería decir con más propiedad, el punto donde me interesaba estar en esa mañana era en el Museo Tamayo. Así que luego de preparar un mate e intercambiar algunas palabras con mi anfitriona Sylvia, partí al encuentro del parque Chapultepec (que es un pulmón en esta ciudad que aliviana un poco el smog) pues el museo se encuentra enfrentado a este.

Fue en esa mañana que México llenó mis ojos, mis oídos, mis narinas y se me metió debajo de la piel (como esos bichitos que muy seriamente me advirtieron que me cuidara de encontrar en las aguas del Golfo, lo cual despertó algunas burlas de ciertos personajes de este país), calando hondo como la lluvia que me empapó esa misma tarde.
Con los ojos bien abiertos y el resto de los sentidos agudizados penetré en el mercado de Coyoacán, y otro día en el de Medellín, y descubrí las frutas más maravillosas, chiles y camarones secos, moles de todos los colores, quesillos de Oaxaca, etc.

Una muestra de estas frutas, la pueden ver en uno de mis desayunos aquí, en la fotito. Lichis, melón, granada, pera, y la maravillosa experiencia de una pitahaya (el elemento que parece radiactivo en esta naturaleza muerta...)

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Entre todos los vendedores, la frutería de Rafael, en el mercado de Medellín, vende yerba mate Taragüi con y sin palo, y otros productos importados. Todo es absolutamente limpio y los vendedores te ofrecen amablemente (e insistentemente también) su mercadería, mientras el olor a tortillas de maíz y chiles varios se cuela entre las gentes.
En los mercados se regatea pero es claro cuando se ha llegado al tope que el vendedor acepta.
Fue en uno de esos mercados que me senté a comer una quesadillas con flor de calabaza y requesón pa chuparse los dedos, acompañada por un jugo Boing de guayaba, que tan aconsejado me fue antes de mi partida. Los jugos Boing son absolutamente naturales y la industria es mexicana, así que considero que vale la pena su consumición.
En la misma mesita del puesto de tacos y quesadillas donde me senté, compartí un rato con otras personas mientras en el comal (lugar donde se cocinan las tortillas de maíz para los antedichos tacos y quesadillas), las chicas hacían tortillas luego de prensarlas en una palanca para que queden regularmente estiradas, o gorditas, que son de la misma masa, pero más bien estiradas a mano.
Toda comida que se precie de tal en México, gira en torno al tipo de chile que posee y que según los propios mexicanos "realza, levanta los sabores de la comida", aunque para mí, adormece las papilas gustativas con la excepción del guacamole que suele ser lo menos picante y que es costumbre que ya esté en la mesa servidito para cuando llega un comensal a la mesa de una taquería. También se puede encontrar en esa mesa alguna otra salsa, roja, en la cual se pueden mojar totopos mientras se espera el pedido. Existe una relación inversamente proporcional entre le tamaño del pocillo que contiene la salsa y su poder para enchilarte (o sea, para hacerte llegar al estado lacrimoso insoportable por el picor). Las salsas más picantes vienen en recipientes pequeños... A no equivocarse, porque puede costar caro a cualquier incauto.
Y ya que hablo de enchilarse, recuerdo cómo en una ocasión, en un puestito de tacos de la ruta, un mexicano se levantó llorando a causa de un chile que había mordido. Otro, que venía ya masticando dos chiles asaditos, le dijo que no picaba mucho, y aceptó el desafío de probar ESE chile en particular. Todas las personas presentes en el lugar entonces, fueron testigos de las lágrimas del desafiante, entre risas y cachondeo general. Para mí es clarísimo a esta altura que si un mexicano te dice que pica un poquito, es probable que pique muchísimo. Y si reacciona con lágrimas y corridas, agitando las manos como si le ardiera algo, entonces ni te metas a probar porque no es para foráneos la cosa.

Pero volviendo al tema, ese fue entonces mi almuerzo, en un sentido totalmente uruguayo, pues aquí se acostumbra desayunar copiosamente y almorzar tarde (la llamada "comida" en México). Además, se cena frugalmente... supongo que para dejar espacio para el imponente desayuno. Claro que los puestitos de tacos, quesadillas, tamales y "antojitos" abundan por doquier.

El siguiente stop sería el Centro Histórico y mientras el ómnibus ("micro" o "camión" o trolley dependiendo del caso) me trasladaba hasta la zona en cuestión, se desató un diluvio monumental.
El refugio más cercano fue el antiguo edificio de correos, impresionante construcción de techos altísimos que me recordó levemente a la Biblioteca Nacional de Montevideo, pero sólo levemente, porque en el caso de la oficina de correos, se nota que está mucho más cuidada.
Una peculiar característica de por aquí es la atención y el afán que tiene esta gente por conservar y restaurar periódicamente sus monumentos históricos. Así lo pude apreciar en la Catedral, las plazas y las esculturas. Y es que los mexicanos se encuentran profundamente conectados con su pasado, sus orígenes, su historia, y se aprecia en el aire esta conexión y compromiso.
Claro que luego de reflexionarlo un rato, y sobre todo después de haber recorrido toda la planta alta del Museo de Antropología, más adelante en el viaje, el por qué de esta peculiaridad se transforma en algo muy obvio: el pasado y el presente conviven en esta tierra. Un pasado de raíces indígenas, que sobrevive en las más de 30 etnias contemporáneas y sus más del 20 dialectos que a pesar de la aculturación hispana y el desarrollo aceleradísimo del país, aún mantienen vivas, candentes, sus tradiciones, y chocan con el presente tecnológico y científico, la era de la información.
Este es un país donde conviven los "corridos", canciones del norte rozando con lo ranchero, destinadas a contar las noticias, las cuales tienen una rama que se dedica sólo a los acontecimientos relacionados con el narcotráfico, con revistas de lo más gossip como Chilango (forma en la que se llama a los habitantes del DF), que tienen sus páginas en internet. Este es un país donde las ancianas de largas trenzas grises y blancas te venden chapulines con chile y ajo (chapulines son unos pequeños saltamontes... síp, chapulines colorados!) para picotear, mientras que saliendo de los mercados te encontrás con un KFC y un Mc Donalds, y otros, que te venden cualquiera de los productos que el mundo consumista puede ofrecer, y que el hombre consumista también va a comprar.
Se trata de un lugar donde algunos cilindreros, que van por las calles dándole vueltas a la manija de un organillo, viven prácticamente de la generosidad de los transeúntes, y los mariachis esperan en la calle con todo listo, a que alguien los llame para tocar una serenata, pero donde el reggaeton se escucha en todas las esquinas (y diría una radio muy mala que sintonicé yo creo por craso error: "en esta radio pasamos todos los géneros de reggaeton porque no hacemos ninguna discriminación").

Esta dualidad, esta antítesis constante me resulta en extremo fascinante. Cada estado de México parece haber encontrado su propio equilibrio para una convivencia armoniosa, pero aquí, en DF, la expresión que mejor queda decir es: cosmopolismo.
Si consideramos que las colonias que ahora forman parte del DF eran antiguamente pueblos asentados en este inmenso valle, puede decirse que la capital de este país goza y sufre una gran fusión de ideales tanto estéticos como étnicos, idealísticos, y a su vez una gran y profunda fragmentación, por exactamente las mismas causas.

Pues sí, el Centro Histórico, a través de esa lluvia torrencial, me pareció un poco sacado de una película ambientada en el colonialismo.
Un lugar muy interesante y recomendable al cual llegué pisando charcos fue una de las librerías de libros usados de la calle Donceles. Allí me hice de un ejemplar amarillito de Los Viajes de Gulliver. Claro que en otros puntos de la ciudad se pueden encontrar librerías de ejemplares nuevos, como Gandhi, en cuyo local más viejo hay buenas ofertas. Allí encontré por ejemplo, una Etnografía contemporánea de México, publicación creada por el Museo de Antropología. Existen también innumerables ediciones de bolsillo de las grandes obras literarias de nuestros y otros tiempos a precios bastante accesibles.
Se viene desarrollando el gusto por la lectura, un poco impulsado por las librerías, otro por el afán del gobierno en "educar" al mexicano a ser una persona culta en todos los sentidos.
Es por ello que uno se puede encontrar en el metro pequeños librillos que podés leer durante el viaje subterráneo, y devolver en la estación donde te bajes. Estos librillos hablan de diversos temas, y funcionan como mini clases espontáneas.
Pero esto que afirmo del gobierno, es quizás un esfuerzo innecesario en algunos casos. Si bien se encuentran carteles en los parques diciendo "Demuestre su cultura, no tire basura", las personas tienen una amabilidad natural, y en muchos casos admirable. En cierta ocasión, me ví en un micro atestado de gente, formando parte de una cadena para pagar un boleto de una persona que subió por la puerta trasera del vehículo. El pasajero mandó el dinero hacia adelante, y el resto lo iba pasando hasta llegar al conductor-cobrador. Y no se crean que alguien se ganó el vuelto (porque había cambio de regreso). Al contrario, la cadena también funcionó para hacerle llegar al pasajero el excedente. Imaginaba si esta cadena tendría éxito en Uruguay, y no me sorprendí al concluir que posiblemente, ni se dejaría subir a un pasajero por la puerta trasera, ni se haría una cadena de esta naturaleza para pagar el boleto, y en el caso que se hiciera, es poco probable que el vuelto regresara siempre a manos de su dueño. Claro que hay excepciones. Por lo que sé, en las horas pico, esta es una práctica normal. Las personas en DF saben que son muchísimas, y hacen todo lo posible para convivir en armonía, al menos en lo que atañe al diario vivir.
A su vez las personas que te atienden en cualquier sitio, desde las taquerías, los bares, las tiendas, todos suelen ser muy amables, y sonríen seguido. Incluso en los grandes embotellamientos que abundan en el Periférico (una avenida circular en el núcleo de la ciudad), la avenida Insurgentes, y otras principales arterias, no se acostumbra bocinear porque todos saben que el tráfico es así a determinadas horas, y aunque estén trancados sin poder avanzar por casi media hora, suelen tomarlo con soda y esperar pacientemente a que se agilice el flujo.

Podría extenderme sobre el Centro Histórico, pero aquel día, todo lo que vi de él se veía nostálgicamente deformado por la lluvia. Sin embargo, siempre que llovió, paró, o al menos eso dicen. Y aquel día no fue la excepción...
Cuando el agua dio un respiro, caminé por algunas calles interesantes, coloniales, todas ellas con sus casas con azulejos y balcones con rejas hermosas, ideales para recibir una serenata. Caminé mirando comercios y personas, y poco a poco empecé a escuchar un latido, parecido al que había percibido desde el cielo, mientras el avión aterrizaba. El latido crecía en mis oídos, atrayéndome hacia quién sabe dónde.
No supe de qué se trataba hasta que las calles se abrieron de repente y dieron paso al inmenso Zócalo, la plaza principal del DF, con una gigante, inmensa bandera tricolor en su centro. La Catedral a un costado certificó mis impresiones desde el cielo: hay algo en las profundidades, y ese algo parece tragarse la ciudad de a poco. Así lo demuestran estos edificios que van hundiéndose en el lodo que sustenta toda la ciudad. Un flanco entero de la Catedral ya se hundió un metro o más, y los restauradores trabajan afanosamente para recuperar lo recuperable... Pero sin duda este es el corazón del país, el que nutre sus vidas, donde ocurren los procesos más trascendentales para sus habitantes, desde proclamas, hasta manifestaciones y festejos.
El latido... el latido seguía allí. Busqué su fuente, en medio de mi conmoción general y escuché alguien diciendo algo así como "allí están los danzantes". Giré mi cabeza y encontré por fin el origen del latido, la percusión que acompaña a cuatro danzantes vestidos con ropas indígenas. Seguramente, serían personas dedicadas al divertimento de los turistas, pero en ese momento, no pude evitar el lagrimeo. Digamos que la impresión del momento ameritaba las lágrimas, y listo.

Y en cuanto a la altura... bueno, digamos que ha hecho acto de presencia varias veces. Creo que de todas maneras, lo que llega a ser muy molesto en el DF es el smog de la semana. Sin embargo, los fines de semana son recomendables para pasear, visitar el zoológico, caminar por los parques, disfrutar de las particularidades que hacen bellas a cada colonia (barrio). Por ejemplo, La Condesa, que si bien tiene fama de ser un antro de intelectualoides, tiene un parque muy lindo, y numerosos bolichitos interesantes. La Roma está muy cerquita, pero tiene más alma de barrio, y casas más antiguas. La Santa María, por su parte, tiene fama de peligrosa, pero la encontré muy acogedora y muy parecida a ciertas zonas antiguas de Montevideo. Por Lomas de Chapultepec abundan las grandes residencias y embajadas de varios países y se dice que es un barrio sólo habitable por personas con plata y auto, puesto que acceder a esa zona es bastante complicado si uno anda sólo en transportes públicos. Coyoacán es una mezcla de barrio y urbe reñida, y esa mezcla provoca la necesidad de meterse por las calles que se abren a los lados de las avenidas principales, para explorar casas y placitas.

Aquí voy deteniendo un poco las palabras, porque no es mi intención atragantarlos así de una. Por supuesto, queda mucho más por contar.

Sígan portándose mal.

14 julio 2006

Bienvenidos a México!

INTRODUCCION

¡Hola queribunes!
Hace 14 días que pisé este país por primera vez y siento que el tiempo escaseó pero a la vez ha venido siendo intensamente explotado.
En estos días visité los mercados y barrios del DF, a amigos varios, librerías y tiendas, el centro histórico y su zócalo con su bandera gigante, viajé en micros, metrobus y metros, en auto y mucho a pie, me empapé con la lluvia y me calcinó el sol. Vi pirámides en medio de ruinas, pasé por Puebla, viajé en medio del desierto camino a Oaxaca, un desierto lleno de cactáceas, el cielo estrellado de otro hemisferio se encimó por sobre mi cabeza, conocí bosques mesófilos, de coníferas, de nieblas, con sus helechos de sotobosque, la selva tropical lluviosa en la Sierra Madre, camino a Puerto Angel, Oaxaca y la revuelta de sus maestros, viví de cerca las elecciones presidenciales que todavía dan que hablar, visité el Tule, las ruinas de Monte Albán, Puerto Angel atravesando las innumerables sinuosidades del camino, vi una falla tectónica en el camino, a sólo unos metros, donde los estratos se fragmentan y descontinúan, y observé las entrañas de los cerros, cada uno distinto de su vecino, burros y mulas, chivos en la carretera, pájaros increíbles, probé mangos, tunas, papayas, mameys, pitayas, bananas chiquititas, niches, granadas y aguacates deliciosos, flores de calabaza, tortillas de maíz azul, tamales, así como mezcales, tequilas y tejate. También visité Veracruz, Tlacotalpan y sus casitas coloniales de colores, y Xalapa en el medio de un bosque más verde que la esperanza misma, escuché el sonido de marimbas y organillos a manija, de jaranas y voces jarochas, acentos increíbles, los besos invisibles de esas lagartijitas simpáticas, casi transparentes. Mis piecitos se mojaron en el Océano Pacífico y vi de cerquita el Golfo de México (sólo que fue a la altura de del puerto de Veracruz, donde no es aconsejable meter los piecitos).
Hoy de vuelta en el DF, por fin me tomé un tiempo para publicar parte de lo que viene llenando mi cuaderno de viaje, sí, el verdecito. ¡No me digan que lo habían olvidado!

Espero que con esto entiendan el por qué de mi ausencia (y sepan perdonarlo), y sobre todo, que la verborragia que sigue les sea una placentera lectura de fin de semana.


Escena 1 - In the air tonight - 29 de Junio

En la pantalla de la cabina de turista muestran la trayectoria que el avión viene llevando en el aire desde que despegamos. Ahora estamos a la altura de Guatemala y el puntito que indica a Veracruz ya puede verse en el mapa. El corazón se me quiere escapar corriendo. Entre llanto y exaltación, no sabe con cuál quedarse.
Claro que para estar en este avioncito ahora, tuve que soportar el insomnio de la vigilia, el perder un lente de contacto en la mañana y tener que correr a la óptica rogando que esté abierta para reemplazarlo, y además, que por alguna razón, mis ojos se irritaron contundentemente con el primer despegue y durante todo el viaje.
Así que decidí ahora que falta una hora y media de vuelo, a ponerme a tono con el clima mexicano. Es por eso que estoy escuchando a Fernando Delgadillo alternado con Café Tacuba.
Como siempre, cada vez que me dan un asiento en la ventanilla, me toca ver el ala del avión durante todo el viaje. Cuando no estoy a la altura del ala, no me dan ventanilla. Siempre está presente esta paradoja. Por suerte, esta vez sí puedo ver un poco de superficie, allá, adelante del ala. Además, tengo la ventaja de no tener a nadie en el asiento contiguo y del otro lado del pasillo, un mexicano me regaló 3 o 4 frases amenas con su peculiar acento.
Me gusta este estado de introspección que consigo en estos vuelos largos donde nadie se mete con uno. Es mi momento de empezar a bajar la pelota al piso, ya que venía de una vida montevideana aceleradísima. La prueba es que estoy escribiendo sin parar, con muchas ganas de verlo todo, de sentirlo todo , de dejar todas las cargas mentales, para así vaciarme de pesos innecesarios y llenarme de este vasto país y todo lo que tiene para ofrecer.


Escena 2 - Las profundidades - 30 de Junio

Mientras el avión maniobraba para el aterrizaje, tuve esta visión de México DF en la noche. ¿Cómo explicarlo adecuadamente?
Desde el cielo, a 8000 metros de altura y descendiendo, el valle de México me hizo experimentar un pasado mitológico que no sé bien cómo interpretar, pero aún así consiguió despertar mi curiosidad y deseo de exploración en unos segundos a penas.
Allí, en lo alto, vi un mar brillante, de dorados y plateados, de oros y platas, de titilantes luces como fuegos, fluyendo, invocando. Aquí y allá, como si fueran los lomos de criaturas mitológicas, aquellas que los ancestros de estas tierras habrán descripto alguna vez, se alzan cerros oscuros, como sombras, abriendo el mar de diminutas luces.
La ciudad discurre y las estrellas se ausentan del cielo pero parecen haber poblado la tierra en que estas criaturas navegan y se sumergen.
Toda esta visión me despertó esa maravillosa sensación de que existe tal vez un mundo subterráneo, sumergido bajo estos focos incandescentes, un mundo en el cual pretendo bucear tan profundamente como pueda.
A medida que el avión descendía, el mar de brillantes dejó ver sus venas, las que lo nutren...
No sabía que al día siguiente descubriría el corazón que bombea la vida en la ciudad y el país entero.


Escena 3 - Pisando tierra - 7 de Junio

El DF me recibió nublado y húmedo, no tan caluroso como podía esperar de un verano, pero con mariachis en el mismo aeropuerto (no eran para mí pero mi conciencia los adoptó de todas formas). Sylvia también me recibió con la mano alzada en señal de saludo y luego un cálido abrazo. Ahí sí creí que era verano.
Me enteré entonces que había sido la primera en salir de entre los pasajeros de ese vuelo, a pesar de que el camino entre el avión y la oficina de migraciones me pareció eterno. Quizás ayudó mi cara de niña, o el hecho de que mi mochila fuese una de las primeras en aparecer en la cinta de equipajes.
Como venía diciendo, Sylvia pasó por mí y el plan pre definido era ir a un lugar llamado El Convento, donde esa misma noche estaría Edel Juárez leyendo sus textos en una suerte de tertulia-toque.
Así lo hicimos. Tiramos mis petates en la cajuela del tutú y fuimos directo a ese lugar. En el camino descubrí los primeros embotellamientos, avenidasca de tres carriles atestadas de autos aún a esas horas de la noche, y me presentaron a Insurgentes como una de las calles más largas de la ciudad.
Una vez en el boliche, una casa colonial adaptada, cuyo patio interior pude apreciar un poco a la pasada, nos instalamos en una mesita y pedimos un par de margaritas, cuestión de darme una adecuada bienvenida al paisote (en contraposición a mi paisito, ya que estamos).
Edel se apresuró a subir al escenario en cuanto llegué porque, según me dijo, había retrasado su show para esperar mi llegada.
Tres cosas flshearon en mi mente en esos momentos: los mariachis del aeropuerto, la mano alzada y subsiguiente abrazo de Sylvia, y el abrazo franco y sincero de Edel, quien me reconoció basado en una única foto, pero me recibió como si nos conociéramos de toda la vida. Tres hermosas maneras de sentirme bienvenida a este colorido país.
- Estoy en México - le dije entonces a Sylvia, alzando mi copa de margarita una vez más, con una sonrisa abierta e infantil en los labios, que bueno, me suele acompañar muy a menudo.

Entre canción y canción, texto y canción, texto y texto, Edel hacía algún comentario introductorio, alusivo a las motivaciones de tales o cuáles versos.
Al final de la primer entrada, invitó a un cantautor de apellido Lascano al escenario, a interpretar algunas de sus canciones. Al final de la segunda entrada de Edel, subió un muchacho entre mimo y pierrot a recitar algunos versos, y al final de una tercera entrada, fue el turno de una chica con temas propios y un pedo astronómico y risueño.
Caí en cuentas que en este ambiente, es imprescindible tener labia para parlarse al público entre tema y tema. Si no eres buen artista, al menos el público tiene oportunidad de entretenerse un rato mientras les metés de callado alguna cancioncita o poema, o al menos eso me comentó Edel en medio de una de sus sonrisas hoyueladas.
Volviendo al tema, todos los que esa noche subieron al escenario utilizaron ese mismo modus operandi, lo cual me amilanó aún más cuando Edel me ofreció por tercera vez el subir también. Yo canto, pero no hablo... la mayor parte de las veces, sólo digo buenas noches, gracias, y hasta la próxima, y a eso se limita mi parla.
Aunque poco conforme, el poeta dejó de insistir y pude disfrutar del resto de la noche sin excesos de adrenalina. Además, mi cuerpito ya había empezado a sentir los efectos de la altura, aunque bien podían confundirse con el cansancio que el largo viaje había generado.

Al salir de El Convento, con el hambre que la comida de avión y la hora en el reloj habían generado, Sylvia y yo decidimos que lo mejor sería comer unos tacos, pos pa eso vine a México! a comerme todo y tomar mucho tequila y mezcal! y atiborrarme de flores de calabaza!
En la calle Mixcoac aún quedaba abierta una taquería, no de las más tradicionales por cierto, de esas que algunos llaman la Burger King de las taquerías, pero al ser la única abierta en ese momento, era esa o el hambre.
Allí probé algunos gustos de tacos y sopes, agua de horchata y la delicia inconmensurable de un chicharrón de queso, que es una plancha finita de queso tostado que arquean maravillosamente cuando aún está caliente, y cruje mágicamente al masticarla. Pa que no se quejen ni pongan cara rara los que me ven rasquetear el queso quemadito en las asaderas! Un verdadero deleite!
A esas alturas de la noche, la lluvia se había reanudado como todos los días. La constante en espas épocas en el DF y buena parte de la región, es que llueva en algún momento del día, o en varios momentos si vamos al caso, y que la temperatura baje bastante en la noche.
Pero esa primer noche, cuando pude apoyar mi cabeza en una almohada y con mi cuerpito en posición horizontal al fin, sin haber caído en cuentas aún del hecho de estar en otro hemisferio, la lluvia era sólo música arrullándome para que al fin pudiese dormir decentemente. De hecho, dormí muy bien.
Próximamante... se viene lo bueno!