21 octubre 2006

InVIERnáculo insectívoro

De nuevo es viernes, ¿verdad?

Vayamos al cine entonces:

A partir del viernes 20 de octubre y hasta el domingo 29, en los Muvicenter del Montevideo Chopin Center y del de Portones, hay suficientes excusas para gastar plata en pop y entradas, gracias al 5º Festival de cine de Montevideo.

Veinte películas en cartelera:
- Amigos con dinero (Friends with money, 2006) de Nicole Holofcener. Comedia estadounidense. - Dear Wendy (2005) de Thomas Vinterberg. Drama de Dinamarca.
- 16 calles (16 blocks, 2006) de Richard Donner. Un thriller (alguien me tiene que definir bien esa palabrilla) de yanquilandia.
- El carcazo (2005) de Román Chalbaud. Drama venezolano que esperemos que no sea como el de las telenovelas de igual nacionalidad.
- El laberinto del fauno (2006) de Guillermo del Toro. Terror español, joder!
- El matador (The Matador, 2005) de Richard Shepard. Comedia USAense (je, me río de lo malo de mi ocurrencia), donde actúa el Pierce. Yo me anoto.
- El último bandoneón (2005) de Alejandro Saderman. Documental arrrgentino, viste?
- Fuerza aérea s.a. (2006) de Enrique Piñeyro. Otro documental de la vecina orilla que ya vi. No es apto para los que sufren de alguna fobia relacionada con volar o con los aeropuertos.
- Hierro 3 (Bin-jip, 2004, bonita traducción) de Kim Ki-duk. Drama proveniente de Corea del sur.
- La comedia del poder (L'ivresse du pouvoir, 2006. Lo cual me recuerda que "comedia" y "borrachera" no son sinónimos, o si?) de Claude Chabrol. Drama francés al cual también me anoto, aunque todos opinen que las pelis francesas son un bodrio.
- La punta del diablo (2006) de Marcelo Pavan. Drama rioplatense, entre argentino y uruguayo. Quiero! Quiero!
- Las manos (2006) de Alejandro Doria. Drama vestido de argento.
- Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006) de Jonathan Dayton y Valerie Faris. Comedia yanqui.
- Princesas (2005) de Fernando León de Aranoa. Drama español, olé!
- Que sea rock (2006) de Sebastián Schindel. Documental argentino sobre música y músicos latinoamericanos. Ahí voy!
- Sofocama (2006) de Ulises Rosell. Comedia argentina que merece especial atención.
- Tapas (2005) de José Corbacho y Juan Cruz. Comedia que oBViamente tenía que ser españla.
- Transamérica (2005) de Duncan Tucker. Comedia yanqui.
- Un juego vs. un destino (Gridiron Gang, 2006, eeeh?) de Phil Joanou. Drama estadounidense.
- Una película de huevos (2006) de Gabriel Riva Palacio y Rodolfo Riva Palacio. Animación mexicana. Para los que ya hemos conocido a los Huevos Poetas, les cuento que ya la vi, y tiene momentos brillantes y otros un poco lentos. Es difícil lograr la efectividad del humor de las animaciones que abundan en internet en un largometraje. Pero vale la pena.

50 pé la entradita.

Y si les pongo la cartelera es porque algunos le tienen como alergia a Cinemateca, porque tiene fama de "culturosa", "intelectualoide" y "excéntrica" por el hecho de no siempre proyectar los títulos que rompen la taquilla. Aquí hay buen material, y capaz que el entorno con moquette llena de constelaciones, el olor a pop y ainda mais, anima a esas personas a disfrutar de las nuevas creaciones que este arte nos ofrece.

Al margen: Me gusta que Argentina tenga tantos títulos y entre ellos, dos documentales. No son jolibu, y quizás sea la ventaja. Además, este gran desarrollo ahí nomás, cruzando el charco, estimula el apoyo a los emprendimientos uruguayos... o al menos eso quiero pensar. La esperanza es lo último que se pierde...

Otro margen: Me consta que la producción cinematográfica mexicana es impresionante y con gran potencial. Hay que hinchar para que traigan más títulos al cono sur, che!

Al pie: Cobayo, me extraña el silencio al respecto.

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CAMINITO DE HORMIGAS
Una intervención del Sensei de la SabiTuRRía Popular.

(Para los que tienen memoria, y visitan esta casa desde que abrió sus puertas, saben que este es un reencuentro...)

De repente el ruido es constante en la cabeza. Parece como si en vez de ideas y pensamientos, de procesos creativos, objetivos y conocimientos, uno acumulara un enjambre de ruidosos insectos dentro del marote, que compiten por molestar con sus aleteos.
No en vano se han extendido el yoga, y numerosas técnicas orientales de meditación y relajación en todo el mundo. El afán de paz interior ha comenzado, el regreso al ombligo, la apaciguación de los ánimos de la colmena.

El éxito de estas artes tiene más que ver con la adopción de una nueva filosofía de vida, y no simplemente por la adquisición de una técnica respiratoria, o la incorporación sistemática de un momento de ejercicio diario.

Para estar en paz, hay que creer que existe.

Al menos esa es la teoría.

- ¿Te has fijado, pequeño saltamontes? Las hormigas hacen su camino. Primero salen unas pocas, exploran, hasta que encuentran la fuente de comida. Al hacerlo, dejan una marca, invisible, pero clara. "Es allá y por acá se vuelve". Luego salen las demás. Son cientos, miles, pero salen una tras otra, siguen el camino invisible, y lo hacen más claramente reconocible, lo acortan, encuentran atajos, para ayudar a sus compañeras. Todas se dirigen hacia el mismo objetivo, y regresan al hormiguero a depositar su pequeña porción de logro. ¿Alguna vez las has observado? Cargan muchas veces el peso de su propio cuerpo, pero juntas consiguen cargar muchísimo más. Y mientras no pierdan el rastro, la meta, y el camino de regreso a casa, ninguna emoción de las que tú sientes y te llevan a la derrota, las pueden alterar.

- ¿Y entonces, qué es lo que tiene que ver con lo que yo venía relatando, sabio Sensei?

- Eso no te lo puedo responder. Yo soy sólo un observador.

(Cuando SEA grande VOY a SER una HORMIGA)


PD. Como justificación a lo que acaban de leer, sólo podría decir que hoy estuve 20 minutos al sol, tratando de fotosintetizar un poco.

12 octubre 2006

Liliputienses VIII - La Gravidez

Seba: Había una vez un señor que se llamaba Isaac Newton. El estaba una tarde sentado a la sombra de un manzano, cuando de repente se le cayó una manzana en la cabeza, y le hizo un chichón acá, así - mientras le pone un dedo índice al remolino de la cabeza de Lorenzo.- Entonces fue que se le ocurrió que todas las cosas se caen porque hay algo que se llama fuerza de gravedad y...

Lorenzo: Que use casco entonces!

S: Si... eh... claro, tiene que usar casco... Hummm... bueno, ahora contame la historia tú.

L: Había una vez un señor... - mientras se le van los pensamientos hacia quién sabe dónde.-

S: ¿Cómo se llamaba? Isaac Niu...

L: El señor Isaac... - y pierde la atención mientras juega con la familia de encendedores bic de distintos colores. -

S: ¿Y dónde estaba sentado?

L: Estaba sentado sin casco abajo de un árbol.

S: Si! Era un manzano. ¿Y qué se le cayó?

L: Se le cayó... - mirándonos inquisitivamente uno a uno. - Se le cayó el árbol encima, y salió una rama. Entonces fue a cruzar la calle y la madre le dijo que tenga cuidado.

S: ¿Le dijo eso? ¿Y él qué respondió?

L: Que él tiene cuidado, pero es tonto, porque se le cayó el árbol por culpa de la gravidez.


Moralejas:
1) No intentes explicarle algo a un niño cuando está concentrado en sus juegos.
2) No te sientes a la sombra de un manzano porque se te puede caer encima.
3) Es prudente andar siempre con casco... y hacerle caso a mamá.
4) Cualquier elemento de fantasía es siempre mucho más lógico y real que la realidad misma.
5) Vote por Lorenzo.
6) La gravidez es un asunto de gravedad.

08 octubre 2006

Quince primaveras

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer.
Era la época de exploración de las sensaciones, de los primeros pasos hacia la libertad y el individualismo, que parecen tan condundentes y son al mismo tiempo tan frágiles, tan desbocados, tan ingenuos.
Entonces eran las fiestas de 15 años de mis compañeras, y cuando llegaba la tarjeta, durante semanas no se hablaba más que de las posibilidades que esa noche traería para unos y otros, los arreglos, la ropa, la música, las cadenas de transporte, los encuentros, las conquistas en la lista de cuentas pendientes. Todo estaba sumergido en una gran expectativa.
De hecho algunas veces ni siquiera nos llegaba una tarjeta, pero algunos nos especializábamos en coladas a esas fiestas, si alguna persona conocida en común podía ayudarnos "desde adentro".

Y entonces llegaba la ansiada noche y allá marchábamos los púberes, con aires de adultez, más o menos producidos, más o menos prevenidos.

En realidad, el ritual de esas fiestas me causaba como una especie de repulsión. Esa parodia de casamiento donde la quinceañera entra de vestido blanco, y baila el vals, y el tema ese de las rosas y las velas, de la torta y el brindis, de los familiares presentes que no viste en toda tu vida pero que queda bien que sean invitados (o mejor dicho, queda mal que no se los invite). Pero estaba bueno comer cosas ricas, y tomar, y garronearf el whisky que debería ir a parar a las mesas de los familiares, o traer alguna bebida espiritosa escondida en algún sacón, y bailar como condenados hasta que el sudor chorreaba por la piel.

Luego de unas pocas fiestas, ya teníamos asumido el timing de la noche.

1 - Llegada: Se debe llegar una media hora tarde en relación a la invitación. O sea, lo suficientemente tarde como para no ser el primero, y lo suficientemente temprano como para estar presente cuando llega la homenajeada. Los colados debían entrar con el malón más grande de gente, detrás de la quinceañera, o cuando el bailoteo ya había arrancado.
2 - Etapa de gossip: No hay nada de comer o beber a disposición hasta que haya llegado la susodicha, y mientras se espera, es bueno saber cuál es la mesa asignada, y hacer los primeros comentarios chismorrientos sobre cómo vino vestido/a tal o cual, y sobre todo, de quién vino acompañado.
3 - Entrada de la niña de blanco: Se anuncia la llegada de la cumpleañera con una música particular que ella misma eligió. (En aquellas épocas se estilaba Patience, o la de Scorpions, o alguna balada del estilo semi rockero). Si te tocaba entregar una rosa o sostener una vela para acompañar esa entrada, te llamaban como con dos segundos de anticipación, y el humo artificial se encargaba de asfixiarte lo suficiente como para que desearas que ese momento terminara pronto. (Claro que como yo me colé en el 80% de esas fiestas, siempre lo vi de afuera, of course).
4 - Vals: Entonces viene el vals, donde el padre de la niña (o tutor, o tí, o abuelo en su defecto) debe abrir, y luego los hermanos, el resto de los familiares incluídos los bebés (porque queda lindo y cute), y los amigos, y por qué no, alguna que otra amiga.
5 - Comé y posá: Si el cumpleaños está bien organizado, para cuando termina este asunto y uno vuelve a la mesa, ya hay bebida y bocaditos disponibles en la mesa asignada. Te dan unos 10 minutos para que tragues y comas, así pasa la agasajada con el fotógrafo y el foco blanco enorme, y te inmortaliza en una imagen donde tenés el buche lleno, los ojos cerrados o rojos, o justo estabas mirando el escote o el trasero o las piernas de esa minita que te gusta (para la mayoría de los varones), o la parejita del chico que te gusta (para las chicas) y entonces arranca la discoteca con toooodo.
6 - La musique: Obviamente existen ciertas etapas en la selección musical. Se empieza con los temas de moda (allá entonces era la marcha), luego una etapa de no tan oldies (en mi época eran unos cuántos rock n' roles, Doors, los Gansos Rosados y ainda mais, cosa de peludear a lo loco), luego la etapa de la pachanga abierta, aprovechando que el alcohol ya es mayoría en las venas, el cotillón con trencito incluído (vamo' negro pa la conga!), las canciones que casi nadie baila pero que están re buenas (generalemente son las mejores), hasta el momento de la torta. Este ciclo puede tener ciertas variaciones dependiendo del gusto de los presentes y la voluntad del dj de sucumbir ante las insistentes demandas de los invitados.
7 - La conquista: En el medio del agite general aparece la comida caliente que es devorada por todo el mundo (y bastante escasa porque se cuenta con que la mayoría estará bailando). Cerca de esas horas se concretan la mayor parte de las conquistas de la noche, que arrancó bailando en la pista y se transladó a estas alturas a algún rincón apartado y oscuro.
8 - A soplar las velitas: Y llega el momento de la torta. Por supuesto, se escuchan los hits de 15 años: "Yo no sé... por qué me siento hoy tan diferente... por qué no quiero nada con la gente... qué será..." (hit interpretado por Thalía en SUS 15 años), "... y cuando apoyes tu cabeza en la almohada... despertarás siendo mujer mañana... quince primaveras tienes que cumplir (parabaraba)... quince flores nuevas que te harán feliz... quince primaveras (parabaraba)... quince flores nuevas (parabaraba)... y una vida entera por vivirrrr", y además... "No importa el lugar... el sol es siempre igual...[...] que un amigo es uuuuuna luz...brillando en la oscuuuuri-dad... siempre serás mi amigO... no importa na-da mááás" (por Los Enanitos Verdes). Entretando, uno rescata con avidez una copa de sidra o simil para terminar de asentar la mezcolanza en la zapan.
9 - Borracho... pero con flores vuelllvo: Luego de las 1800 fotos de rigor atrás de la torta, existe una llamada "etapa de espectáculos deprimentes". Es decir, los que nosotros considerábamos viejos en pedo bailando en la pista con lo que queda de energía, mientras nosotros, los jóvenes, ya organizábamos las vueltas de manera de ayudar los compañeros con algunas tratativas sentimentales pendientes (porque algunos necesitaban de algún empujoncito al estilo: "Che, no seas tarado/a. Está muerta/o contigo! Encarala ya!".
10 - Se terminó la cosa, che!: Y obviamente, uno no debe ser el último en irse, así que después de que nos hicieran entrega oficial de nuestros souvenirs, rajábamos a terminar la noche eventualmente en otro lado, o volvíamos devastados por el esfuerzo, como niños buenos, a nuestras respectivas casas (o la casa de la amiga que obraba de pantalla cuando nos colábamos y una "se quedaba a dormir en la casa de la amiga").

No sé si esta debe ser una etapa fundamental de nuestras vidas, pero sin duda influye en algunas cosas. Por ejemplo, para los 18 años, asistir a otro cumpleaños de 15 estimula el pensamiento de que te quedaste atrás en los estudios o simplemente que mentalmente has madurado poco. Esto va en contra de las normas sociales actuales de la segunda adolescencia, donde te creés adulto del todo, y tratás de zafar a más no poder, o de hacer creer a todos que vas porque es un compromiso que asumiste con tal o cual persona.
A mí simplemente me dejaron de invitar como a las 16 años, y me empezó a cansar el colarme, o mejor dicho, mis intereses cambiaron radicalmente por esas épocas. Quizás habrá sido el comenzar la ingesta de grappamiel, o que eso de ser 4 ojos me hacía quedar ante los demás como una intelectual. En todo caso, consideré la etapa de los cumpleaños de 15, feijada.

Hasta que fue al de la hermana de Tom... hace una semana.

El tiempo pasa... algunas reglas cambian, otras no (para bien o para mal).
Veamos el repaso de los mismos puntos:

1 - Llegada: Llegamos Tom, Eugenia y yo, exactamente a la hora fijada en la tarjeta. Otra vez me colaron, ya que no fui oficialmente invitada, pero se suponía que tocaríamos unos temas con Tom... cosa que no sucedió por cuestiones técnicas. Pero no hay mal que por bien no venga.
2 - Etapa de gossip: Nuestras críticas se basaron en el hecho de que los adolescentes de la actualidad se visten como Madonna en el video de Holiday, y vienen en frasco cada vez más pequeño, aunque había una excepción que Tom se encargó de resaltar: "A esa le daría sin ningún problema." Y queríamos que largaran la cerveza y el whisky de una vez para olvidar que estábamos ahí. Mientras esperábamos, salimos al patio a fumar porque obviamente, adentro ya no se puede.
3 - Entrada de la niña de blanco: Se anuncia la llegada de la cumpleañera y preparamos la cámara para hacer los respectivos clicks. Ahí quiebro una lanza por la chica porque la canción elegida por ella para hacer su acto de presencia fue "Down with my baby" de Kevin Johansen. Me tragué el humo... era inevitable.
4 - Vals: Empezó la ronda de vals con el padre de la niña, luego Tom, como buen hermano, mientras yo le sacaba fotos, y Eugenia se esforzaba por mantener esa sonrisa acartonada que tienen que hacer algunas novias a la familia de su novio a la que recién ha sido presentada...
5 - Comé y posá: Tuvimos que pelear para que nos dieran un whisky que cortábamos con Coca cola a la espera de que largaran la checha, y el mozo se encargó de hacernos desear mucho ese vasito de alcohol porque cada vez que pedíamos uno, traía exactamente uno, y en nuestra mesa éramos como 6. Pasó la cámara de fotos, el foco de luz en la cara y la chica que no me conocía personalmente, y recién se enteró de mi identidad al finalizar la fiesta.
6 - La musique: Reguetón, demasiado reguetón y cumbia villera... Igual, cuando prendió el alcohol, le dimos a la Gasolina, y alguna cosa que no podría distinguir (si están en el baile, no te queda más remedio que bailar, o al menos eso dice el dicho). Ante nuestra insistencia el dj se colgó con un par de marchas de las de mi época, que al menos me resultaban más identificables. Algo de salsa, pero sólo cómo muestra gratis, dos temas de la Vela, alguno de La Trampa, y de nuevo el reguetón, y los gurises bailando, y los viejos también, y nosotros tomando, saliendo a fumar y conversando.
7 - La conquista: Ni me enteré de la comida caliente, pero pudimos seguir las diferentes etapas de una parejita de adolescentes que se sentaron a conversar, y los amigos paletas y las amigas rompe huevos...
8 - A soplar las velitas: Algunas cosas nunca cambian... "Ahora... despierta la mujer que en mi dormía... y poco a poco se muere la niña..." (la Thalía), "... quince primaveras tienes que cumplir (parabaraba)... quince flores nuevas que te harán feliz... quince primaveras (parabaraba)... quince flores nuevas (parabaraba)... y una vida entera por vivirrrr", y además... "Que una migo es uuuuuna luz...brillando en la oscuuuuri-dad... siempre serás mi amigO... no importa na-da mááás" (Enanitos). Obviamente, mientras Tom era secuestrado para salir en las múltiples fotos familiares, Eugenia y yo rescatamos sendas copas de sidra, cosa de no perder ese nivel alcohólico que se da pocas veces.
9 - Borracho... pero con flores vuelllvo: A esta altura será inútil convencerlos de que no tenía una borrachera astronómica encima. Así que cuando la música arrancó, y el dj por fin se puso con algo bailable e interesante, los padres de la cumpleañera, Tom, Eugenia, yo, y otros pocos, nos largamos a bailar nuevamente. No, no lo digan... ya lo sé. Me transformé en uno de esos "espectáculos deprimentes"... lo sé...
10 - Se terminó la cosa, che!: No fuimos los últimos en retirarnos... pero casi. No quedaba ninguno de la gurisada, aunque al irse se acercó una bandita de púberes a decir que nosotras dos no parecíamos de la edad que teníamos (y todavía no me queda muy claro lo que quisieron decir). Hacía años que no tenía un pedo tan astronómico así que decidí volver a casa.

Me siento vieja. O digamos que ya estoy pasadita de fecha.
PD. Considerando que con este texto acabo de ponerle el sello a los rumores que corren de que me la paso tomando, cual típica alcohólica, he decidido que tales acotaciones de su parte no recibirán respuesta (¿y qué?), aunque por supuesto, no pretendo censurarlas.
PPD. Ahora es la etapa de asistir a los casorios de mis amistades, aunque siendo sinceros, la mayoría ya lo están y tienen hijos. Debería elaborar un nuevo timing, supongo.

04 octubre 2006

Pilotando palabras

El presente texto quiso ser un comentario en la reciente publicación de Daniela en su blog, titulada La Gran Estafa. Parece que Marina Barrientos publicó en la contratapa de un medio gráfico unas cuántas palabras sobre Daniela (aunque no la nombra directamente), tituladas El usuario anónimo, y todo el mundo estaba expectante, esperando que Daniela contraatacara. Así que reaccionó y opinó, lo cual generó una interesante y a veces bastante subidita en agravios, discusión en los comentarios de su blog. La conjunción de tanta opinión obró de interruptor para que yo organizara mis ideas al respecto, que quise exponer a modo de comentario también. Se darán cuenta que una vez más fallé en la tarea de resumirme a mí misma en cuanto al tema. Así que nomás invité a que lean mi comentario en esta casita, que es mi casita, y el que quiere entra sin problema, y el que no, no hay drama, nadie se ofende por su ausencia.
Así que ahí les va.


Qué bueno que se generen discusiones que aporten distintos puntos de vista en los blogs.
Aunque estaría buenísimo que las agresiones personales fueran eso, personales, porque la verdad, lo aburrido es leer cómo se faltan el respeto mutuamente. Es sabio reconocer incluso en el enemigo, su derecho a discurrir.

Daniela, si bien no estoy de acuerdo con todo lo que expones, me parece una manera muy digna de aportar tu punto de vista.

Creo que la frase que ha sido objeto de mayor debate en estos comentarios ha sido el hecho de calificar a los periodistas como traficantes de información.
Al principio me chocó un poco el leerlo, aunque no sabía explicar el por qué, pero luego de analizar un poco los comentarios de los demás, creo que finalmente puedo dar mi opinión al respecto sin que ésta sea demasiado apresurada.

Considero que actualmente en el Uruguay, y gran parte de América Latina (y el mundo, hay que decirlo), no creo que se pueda hablar del periodista como figura predominante en los medios.(Esta afirmación la doy desde mi pensamiento en particular respecto de los medios de comunicación.)
Sin pretender ser una erudita en el tema (convengamos en que no estudié nada relacionado con las comunicaciones, y me animo a tirar esta piedra a un debate inteligente sólo por considerar de que cualquier opinión es válida de ser dada), tengo la concepción de que existe una gran confusión de términos entre el ser un informante, un columnista y un periodista.
Y paso a explicarme…

La primera vez que me plantée la cosa fue cuando comentaba con una persona, cuya opinión valoro muchísimo, un informativo nocturno.
Creo que en ese momento dije:
- Es un periodista bastante serio. –
Mi amigo dijo en el acto:
- Este no es periodista, es informador.-

Pasaron algunas semanas antes de que realmente encontrara en mi mente una clasificación que me sirviera sobre esos términos.

Los comentarios que acabo de leer reavivaron un poco esa llama, esa necesidad de finiquitar mi proceso mental, el cual me ha llevado a llegar a las siguientes conclusiones.

Desde mi punto de vista, el informante podría ser metafóricamente llamado “traficante de información”, ya que se dedica a recolectar datos, almacenarlos, organizarlos y transmitirlos. Podría también compararse (y esta sería otra metáfora), con quienes se dedican al muestreo. ¿Es inapropiado entonces el término de traficante? No lo sé. Sin embargo considero que su uso en este caso fue subjetivo, así que es de esperarse que produzca cierta controversia al leerse.

Por otro lado, existe el columnista, que creo yo que es un informante con opinión. De esos hay muchos por estas latitudes y me atrevería incluso a decir que son mayoría. En las columnas, el sujeto recolecta la infomación, la ordena (al gusto de él/ella o del lector que es usado como blanco) y formula una crítica, una opinión que puede o no estar condimentada con parcialismos. Lo interesante de las columnas no es que sean objetivas (como uno esperaría de la información proporcionada por un buen informante). Lo importante y provechoso, que creo que ya forma parte de las reglas de este juego mediático, es la opinión que se comparte al respecto de dicha información o tema, o las inclinaciones idealísticas que se entretejen en el discurso de apariencia puramente informativa.
Creo que es un error el pretender que el consumidor de estas columnas no sabe leer entre líneas, ya que es utópico pretender que la idiotez humana sea tal, que no pueda un ser humano normal percatarse de la calidad y cualidad del producto que adquiere (algo que los estudiantes de marketing deben saber mejor que yo). No señores, el lector no es tonto, pero gusta del morbo que genera la crítica, mal interpretada, y sobre todo si ésta genera controversia de alguna clase.

Por último, resta expresarme sobre el periodista, el que es en gran medida un informante, el cierta medida un columnista, pero sobre todo un investigador cuyo objetivo es – corríjome -, debe ser, el elaborar en base a datos y opiniones, una hipótesis, que deberá – bueno, debería – cotejar con pruebas, comparar y confirmar, para que así, en el momento de dar a luz una noticia (nótese el empleo de este término por vez primera en este texto), tenga bases sólidas, y demostraciones válidas que la pueda re bautizar como una tesis.
Si se percibe que mi idea sobre el trabajo de un periodista roza con el método científico, es porque ese es exactamente el punto que quiero establecer.

Otra de las cosas que se cuestionaron en los comentarios a Daniela, fue la valoración o no de estos roles en la sociedad.
¿Existen niveles, categorías que ponen al informante por debajo del columnista o del periodista? Creo que ninguno es mejor o peor que otro. Sin embargo, la denominación errónea de tales comunicadores es la raíz de las discusiones que vengo leyendo en estos últimos tiempos. Hay algo que provoca en mí la valoración de determinados autores, y es la generación de curiosidad, de pensamiento crítico, y en eso se concentra mi opinión en cuanto a los medios de comunicación.

Hace algunos meses se habló en distintos blogs sobre el poder de la palabra, sus consecuencias, su influencia en el pensamiento de la gente.
Hoy en día, no creo que se pueda hablar en el Uruguay de que nuestros medios de comunicación sean propiamente periodísticos. Los medios uruguayos son columnas informativas, inclinadas, subjetivas y tendenciosas. Y esto, no lo digo con ánimo despectivo. El que tengan esta característica no les quita valor comunicativo, aunque de la forma en que lo veo manejado en este momento, simplemente les quita confiabilidad.
De todas maneras, cada quien elige cómo invertir su tiempo y dinero. Yo no compro diarios, y me limito a leer las noticias en internet.

Está bien. Está bien la opinión de Marina, que consiguió publicar su columna en El Observador. Y está bien la opinión de Daniela, lo mismo que la de quienes comentaron en su blog al respecto, igual que la mía. La opinión de cada cual es válida en la medida en que respete el límite que existe entre la discusión o la crítica y la agresión gratuita. Y además, al fin de cuentas, nada es tan serio, nada es tan grave, nada de lo que se ha dicho en este intercambio de palabras es tan imperioso como para darle la categoría de trascendente en la vida de nadie, excepto, eso sí, porque ha tenido una interesante consecuencia en los demás: la generación de opiniones. Desde ese punto de vista, importa poco si se trata de informantes, columnistas, periodistas o lo que fuere. Importa el hecho que movilice el pensamiento, y cree voluntad de opinar en los demás.

Es por eso que son leídos, es por eso que venden, y hay que asumir que el compromiso con la sociedad, como comentó Seba, va en cada uno, independientemente de su ocupación. Por ejemplo, yo canto, y hago todo lo posible para que mi actividad, totalmente subjetiva, cumpla con determinados objetivos, que son totalmente personales, en el que escucha (y que ha pagado o no por escucharme). Estos objetivos son sin embargo generados desde mi percepción moral y respetuosa del arte al que me dedico, porque quiero que mis aportes sean dignos de formar parte de ese arte, y de mis colegas que invierten muchísimo tiempo estudiando, aprendiendo y explorando las infinitas facetas de esta manifestación artística.

En cuanto a la relevancia, importancia o valor de los blogs (discusión que supongo que Mariana quiso poner sobre la mesa con su texto), supongo que la mayoría de los que tenemos un blog somos en cierta medida columnistas y/o cronistas, otros narradores o cuentacuentos, otros fotógrafos, o lo que sea que el que susbriba tenga en mente como objetivo cuando publica algo en su página.
Sus consecuencias en los lectores pueden ir desde la total indiferencia a la toma de decisiones. Sin duda, es prudente elegir lo que se dice y cómo se dice, teniendo en cuenta que se trata de un lugar público y que no reconoce fronteras. Pero esto es hasta cierto punto, ya que el acto de publicar así como el de leer, es absolutamente voluntario. (Que me corrija el que ha sido apuntado con un arma y torturado cruelmente para que lea en su totalidad algún blog que considera deprimente).

Al final de cuentas, este no es un tema que tenga que ver realmente con el estilo, la ocupación formal de quien escribe, o la definición de estos términos que vengo extrayendo de mi cabeza. Y no es alarmante ni debería generar tanto malestar el hecho de publicar la opinión propia. En todo caso, siento un malestar mucho mayor al tener que proyectar mi mente en el mundo del futuro, en el cual pretendo que crezcan mis hijos, cuando los indicadores ecológicos son tan pesimistas en lo que respecta a la disposición de recursos naturales. Más apremiante y urgente me resulta el resolver dónde jugarán, cómo se alimentarán, qué calidad de aire respirarán.

Esta discusión debería concentrarse más en hablar de la tolerancia y el respeto hacia las opiniones del otro. Es demasiado peligroso y soberbio el presumir o querer adoctrinar al lector sobre algo de lo cual nadie puede probar que exista una verdad absoluta.
Normalmente se recae en este comportamiento aleccionante y reprobatorio, sin considerar el hecho de que al final, el que tiene una opinión contraria a la de uno, es uno más que opina. Y eso debería bastar para zanjar la cuestión.

Yo no grito más fuerte, ni más alto, ni por un período de tiempo más prolongado. Soy pésima en eso de los debates y pocas veces sé defender mis opiniones oralmente a causa de una carencia irremediable de carisma e ingenio en mi persona, pero tengo mi voz, y lo bueno de tener un blog, es que puedo amplificar esta voz, y organizar mi mente al mismo tiempo, creando ciertas instancias reflexivas y tendiendo puentes hacia otras voces.

Y sí, esta es otra columna más sobre el tema. Pero estoy segura de que no la hubieses leído si no hubieses elegido hacerlo. (^_^)

Respiren profundamente, sonrían y sigan caminando.


Y aquí viene la parte de la cita que lo hace quedar a uno como todo un erudito y culto lector (ja!). Seudo plagio a Delgadillo:


“Cómo pesan las palabras, cuando marcha uno detrás."