24 abril 2007

Sin anclas


Holátiles!

Te comunicaste Chez Dharmita,
en La Quinta Pata.

En este momento me encantaría contestarte pero estoy nuevamente desplegando alas para emular a las mariposas monarcas. Es parte de la vida estar en movimiento, seguir el instinto y pretendo no ser menos "viva".

Dejame tu mensaje y en cuanto encuentre el lugar donde posarme, te lo contestaré. Ya conocés el ritual: pinchá en la volqueta de escombros
y dejá tu chacho'e ladrillo. Todo sirve, todo vale, y ahorren despedidas porque uno no se despide de los que siempre están presentes.

Pero si además querés saber detalles de este nuevo vuelo o nomás necesitás entretenerte con algo de lectura, lee el texto que sigue al bip.


Portate mal!
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(Para terminar envíe y cierre, haga un click en los enlaces a la derecha de la página principal)

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip!

Parte de lo que publico aquí ya lo habrán leído algunos en el un mail que les mandé unas semanas atrás. Si reitero algunas partes, es porque quiero ser redundante y me gustó para agregar unas cosillas más, consecuencia de algunos largos ratos de reflexión.

Los que me conocen bien saben que nací sin anclas y con demasiada curiosidad. Esto hace que dos por tres ande viajando, con la música siempre ahí porque el laburo, el oficial, es el proveedor de techo y comida nomás. Algunos saben que en el liceo... bueno, era una típica nerd con anteojos, a pesar de no ser esa mi intención. Y luego ingresé a la Facultad de Ciencias, hasta que me convencí que la música era mi verdadera vocación, y decidí darle exclusividad en mis actividades. Pero también algunos saben que leo y me emociono, a veces demasiado estúpidamente, otras con demasiada razón, que escribo con bastante frecuencia, que me gusta cocinar cosas ... eh... experimentales, y probar vinos, y que soy fanática del queso y las semillas, y que ser cursi de vez en cuando no me cuesta nada, y menos ser una tía loca. No hace falta escarbar mucho para saber todo esto. Algunas cosas están a flor de piel.

Si bien carezco de raíces largas y profundas, esto no quiere decir que no sienta determinados arraigos. Simplemente, mis raíces son aéreas y necesitan nutrirse de todo lo que ande por ahí, ser fieles a sí mismas y a su naturaleza. Cuando el corazoncito habla fuerte y claro, no le doy la espalda, y aunque lleve su tiempo, siempre termino seguiendo sus latidos.

Y es es pos de estas corazonadas que me han invadido a lo largo de estos últimos tiempos (y no tan últimos), que viajaré a México nuevamente, sólo que esta vez, con otros propósitos que no se refieren exclusivamente al turismo. Tengo muchos, muchos proyectos en la cabecita, algunas certezas y bastante incertidumbre, pero la adrenalina está en alza, y la ansiedad también, y mis instintos de kamikaze a veces resurgen con más fuerza, como en este caso.

No me voy para siempre, no me exilio, ni estoy migrando en el sentido propio de la palabra. Tampoco odio a mi país y no creo que el jardín del vecino sea mejor o peor que el propio. Vale decir, me gusta el Uruguay y creo que cualquier oriental se debe el tomar distancia de él para darse cuenta de lo hermoso y privilegiado que tiene como país de origen.

Digamos que nomás me pongo en movimiento y tengo la firme convicción de que este salto voluntario puede ser muy positivo para lo que tiene que ver con lo personal y lo musical. Vieron eso de que cuando un uruguayo pasa una temporada afuera, de repente en el paisito todos creen que es un crá aunque un viaje no afecta realmente el talento, sólo abre la cabeza a cosas nuevas, a otros puntos de vista. Y no pretendo ser una crá, pero sí que esta partida enriquezca mis ideas y que pueda cargar energías para hacer lo que me gusta, aunque me muera de hambre (porque no, no quiero ser rica y famosa, ni pretendo formar parte de la forrándula uruguaya).

Sin embargo, todas estas razones son excusas que no quieren ni podrían justificar mi decisión que es el resultado de algo mucho más misterioso y fascinante. Aquí viene eso que nunca se me dio en insinuar por aquí porque, básicamente, no considero que sea relevante a La Quinta Pata, sino a mi persona en carne y hueso.

Existen magias que a pesar de las distancias suceden, y uno no puede andar evitando las oleadas de cariño y el cosquilleo en la panza toda la vida. Asumir ciertos riesgos a pesar del vértigo que causan, vale la pena, cuando la recompensa está en los momentos cotidianos y en la compañía.

Organizar esta odisea fue una grandiosa prueba de valor, desde todos los puntos de vista. Uno testea su propia resistencia a la negatividad, a la poca confianza en uno mismo, a la baja autoestima, a la inseguridad, a los millones de miedos (sobre todo ese miedo al fracaso) y de prejuicios, al pasado (uh! el pasado es un eterno metiche), el vacío, las nostalgias y ansiedades. Se trata de una disputa en donde hay que vencer los propios fantasmas.

No debe haber satisfacción más grande que voltear a lo que se acaba de superar, y darse cuenta del camino avanzado. Cada uno da valor a sus logros de acuerdo con sus propias estimaciones, sujetas a conceptos morales o emocionales de los distintos aspectos de esta vida. Las cosas más atesorables de la mía tienen siempre algo que ver con el conocimiento de mi persona, de los demás, y la voluntad de cambiar, y de conservar esa capacidad de asombro de las cosas, sin caer en espejismos, de vencer obstáculos impuestos por quién sabe qué rincón del subconciente, y sobre todo disfrutar las emociones.

Los instintos del ser humano, pueden ser muchas veces peligrosos, algunos deleznables, otros a tener muy en cuenta, pueden acertar y errar con idéntica facilidad... y obviamente no estoy más allá del bien y del mal. Equivocarse está en la tapa del libro. Frente a cualquier cosa que uno se propone, el fracaso es lo seguro, algunas veces la salida más fácil, y sin embargo, lo más evitable. Todo depende de la energía que se invierta en los proyectos, en el convencimiento sobre ellos, y en perder el miedo a seguir los impulsos. Depende también de la defición que uno le quiera dar al fracaso.

Suele medírselo en base a lo que potencialmente puede lograrse. Cuanto más logros implique el éxito de un nuevo emprendimiento, mayor será el fracaso si el éxito se escapa. Pero la gloria, el ganar rotundamente, es ascender a una montaña en cuya cumbre no hay espacio más que para uno. Y la verdad, no estoy interesada en las cumbres, sino en el ascenso continuo. ¿Cuánto mejor y ameno es el camino cuando no se lo transita solo?

Espero que haya podido transmitirles lo regocijante y emocionante que es para mí este nuevo vuelo.

Para los que quedan en Uruguay, nos veremos en primera instancia a fines de Octubre. Para los que viven en México, tendremos más chances de encontrarnos en los próximos dos días. Para los que visitan esta casa sin importar la latitud desde donde lean, van a tener que soportar mis crónicas como siempre. No crean ni por un momento que abandonaré esa costumbre!

No los molesto más... por ahora.

Pórtense mal.

17 abril 2007

Interruptus legere

Sabido es que cada persona elige sus aficiones, sus pasatiempos preferidos. Algunos se dedican al deporte, otros a la caza, otros a los horóscopos, o a coleccionar monedas y sellos, a hacer deportes, a pasear el perro, a fabricar maquetas, a dibujar, etc. Pero también existe una gran porción de la población mundial que dedica sus tiempos libres a leer.
Algunos lectores son devoradores de libros, sin importar el género y la categoría. Otros son lectores selctivos, que cuidan especialmente la elección de los títulos o los autores.

Cuando leí este artículo, no pude evitar el detenerme a refleccionar sobre la influencia de los libros en lectura como un acto de recreación de la mente.

¿Qué es lo que distingue a buen libro de uno mediocre? ¿Qué es lo que nos motiva a leer hasta el final o abandonarlo?

A pesar del tono un tanto pedante del artículo, supongo que algunas cosas que allí se exponen son irrefutables.
Por ejemplo, muchos leen libros que todo el mundo dice que hay que leer, porque son moda, y la verdad es que el contenido muchas veces no es tan atractivo como te lo pintan en la tapa del libro y las campañas de marketing.

No leí El Código Da Vinci. Decidí no hacerlo porque lamentablemente vi la película primero, y es del tipo de historias donde no me gusta saber qué va a pasar por adelantado. Abandoné a Saramago varias veces, porque el ritmo de sus relatos me tranca las ganas, pero sin embargo, leí entero Cazadores de Microbios tres veces, y el Bhagavad Gita también.

No es la dificultad o facilidad con las que las historias se relatan. Supongo que prefiero el texto simple, sin adornos, con palabras sencillas, aunque me resulta más fascinante que nada, el que haya algo que leer entre líneas, o algo que reflexionar en paralalelo, algo no explícito en tinta. Por eso, el único libro que recomiendo desde mi perfil en la bloggórfera es Hambre de Knut Hamsun, como EL libro que resume todo eso. (Porque quieroque sepan que síes posible encontrar libros escritos sencillamente pero con mucho para considerar entre líneas).
Los cuentos de fantasía, las aventuras, los relatos cortos, las grandes epopeyas, también me atraen, pero no todos los autores llaman mi atención de la misma manera.
No soy para nada aficionada a la poesía, pero los versos de Baudelaire y Cortázar, más viscerales, y los de Sabines, extremadamente sensoriales y humanos, han tenido gran poder sobre mí.

Según Rodia en esta publicación:
"Todo un hombre, ese enorme libro de Tom Wolfe, tiene que ser un buen libro. Es
difícil determinarlo, es tan... best seller, tan contemporáneo que asusta que tuerce que perjudica el entendimiento. Pero está bien escrito, y ya por lo menos voy en la tercer reconsideración de su lectura, arrancando por divertido, siguiendo por disparatado terminando por irónico. En todo caso, muy recomendable. Tiene pinta de haber sido un fracaso editorial, pero no estoy seguro y no tengo mucho tiempo para buscar. Es en todo caso un libro gordo para leer de vacaciones, y que uno no puede dejar de leer. Yo al menos. Y los personajes son fantásticos, en el sentido fantastic de la palabra. Y la escena del terremoto en la cárcel es fenomenal, no hay vuelta. Estoy pensando que los buenos libros, igual que las buenas películas, tienen como característica común que la crítica o el resumen no puede nunca abarcarlos, porque el resumen reduce y el libro es todo."

Creo que aquí, Rodia expuso muchas de las principales ideas.

Primeramente el leguaje. ¿Un libro bien escrito lo hace potencialmente más leíble que uno mal escrito? ¿Determina el estilo de escritura desde este punto de vista el que se transforme en un best seller?
No me atrevería a contestar con certeza ninguna de las dos preguntas, porque la verdad es que cada lector tiene sus preferencias. Cada persona es un lector en potencia, aunque sea de carteles callejeros, pero puede decidir que simplemente no leerá libros, y entonces pasa a formar parte de los grupos de aficionados a otras cosas, como el cine, la tele, la crianza de hijos al por mayor, la pintura, la música, etc.
Y luego viene lo segundo. Las ventas no son directa o inversamente proporcionales a la calidad de un libro. De hecho, el que un libro esté bien escrito no tiene normalmente influencia ninguna sobre las ventas. Marketing... esa es la cuestión.
Este factor influye con bastante frecuencia en los ingresos de escritor. Con raras excepciones, creo que cuanto más caché reciba el escritor, más insulsa es su obra. Siempre tuve esa idea de que el artista en general, debe sufrir algún tipo de carencia básica, sufrir corporal, emocional, o mentalmente, para que su arte se vea exacerbado, al ser este una válvula de escape para ese sufrimiento. Por eso no me extraña ver en las revistas de gossip y en la tele, que la vida de los famosos de jolubu sea un desastre. El éxito y calidad de un actor se ve potenciado por las rupturas emocionales en su vida personal. Le pasa a cualquier hijo de vecino, una crisis, una caída emocional, física, un vicio, una ruptura amorosa... (sino miren a Britney Spears), sólo que nosotros siempre preferimos husmear en la vida de los famosos. ¿No es fascinante?
Pero volviendo a los libros, lo que quería en realidad transmitir, es que cuanto mejor resultado dan las campañas destinadas a vender libros (muy elaboradas por cierto, si se tiene en cuenta que un libro no es considerado un objeto de primera necesidad, y no creo que sea jamás incluido en una canasta familiar básica), más aguados se vienen los siguientes trabajos del mismo autor.
Otro tema que Rodia nombra medio de coté, es el hecho de que algunas lecturas parecen estar destinadas a los distintos momentos del año. Bien saben que hay libros que uno compra para leer en la playa, y otros como somnífero si el sueño es esquivo en las noches y al otro día uno tiene que levantarse temprano para laburar. Y la elección del bouquin para cada caso es bien distinta, sin detenerme a explicar que hay que tener sangre fría para permitir que un libro se te llene de arena y olor a bronceador. (En la playa prefiero juntar caracoles o ir al agua)
El mejor somnífero literario que tuve en mi poder en algún momento de mi vida fue un libro de historia egipcia. Creo que la magia del asunto era que estaba escrito "en difícil" y sólo para expertos que saben egipcio. Lo que me cansaba más era referirme al glosario cada dos minutos. Igual pude sacarle algo de jugo... Miren cómo habrá sido la cosa que me olvidé del título y el autor.
Es problemático cuando uno es de esas personas de humor cambiante, porque la misma lectura puede no ser la adecuada para cada noche. Por ejemplo, soy de ese tipo cambiante. En consecuencia, leo tres libros en paralelo, o ninguno. No creo que ninguna de estas dos cosas sea positiva en todo caso.
Por suerte tengo momentos devoradores, en los cuales no me levanto del asiento hasta que completé la lectura. Así me pasa con historias humanas. Son ese tipo de libros que cuando te enganchan, tenés que terminarlos mientras estés en ese preciso estado de ánimo, para capturarlo completamente. Cuanto más humanos sean los personajes, más poder ejercen sobre mí. Murakami es un autor que logra eso a la perfección.
Y obviamente, al igual que Rodia, pienso que muchos de los excelentes libros que hay por la vuelta, el resumen o la crítica, son mediocres referentes a tener en cuenta.
Para apoyar la idea, piensen en la siguiente anécdota:
Cuando era chica presencié uno de los primeros juegos del amigo invisible, entre los colegas de mi madre. El día del intercambio de regalos, uno de ellos recibió un libro. En la contratapa, la crítica decía que no había libro más esclarecedor. Se titulaba "La inteligencia de los militares". La contratapa se quedó corta... El libro estaba en blanco. Ni una sola letra estaba impresa en el interior de las 200 a 250 hojas.

Existe además un factor que influye directamente sobre los resultados comentados en el artículo original que motivó mi publicación.
El ser lector es aún considerado un estatus cultural. ¿Creen que no?
Pongamos como ejemplo las obras recomendadas por Sigmur. ¿Quién, por motivación propia, y sin necesidad de que haya ningún curso de facutad que lo requiera, va a abrir las páginas de un libro de Herrera y Reissig? Ojo que no estoy quitándole crédito al que tiene la curiosidad natural de embarcarse en esas aguas. Al fin de cuentas, yo soy de las que compra libros en la feria sobre crítica de arte, de esos que ya se habían publicado antes de que yo naciera. No tengo autoridad moral para afirmar que es siempre así, pero ustedes saben como yo, que los libros son utilizados para diversos objetivos que no tienen absolutamente nada que ver con el placer por la lectura.
Ejemplos:
a) El levante. Las telenovelas y películas románticas son muy buenas en mostrar este punto. El muchachito o la muchachita sentado/a en la plaza, con libro en las manos en el regazo. En lo posible el título elegido es de esos intelectualoides, o por lo menos tiene que ser un libro gordito. Para completar la escena, unos lentes chiquitos no vienen nada mal, o una gabardina en su defecto.
Algunos ni siquiera se molestan en sentarse en la plaza, o el bar, o el bondi, a simular que les interesa lo que leen, sino que andan por ahí cargando el libro como quien sale con la billetera o las llaves.
Yo no aconsejo que pongan a prueba la efectividad de esta técnica de levante. Los que estarían afin con el libro elegido, simplemente no son de los que se acercarían a alguien en una plaza o bar. Quien se acerca, no es precisamente un lector compulsivo. Pero según me comentó Melchor al respecto, no hay duda de que se formaría una pareja feliz si el encuentro resulta bien. Lo menos que harían es leer.
b) Sostén de discos, posa vasos, levantador de pantalla de computadora. Conozco a una persona que pone libros gordos en los bordes de la repisa porque son soportes ideales para evitar que se le caigan los CDs. En este caso son utilizados como recursos prácticos domésticos. Los más exitosos en esta función son los de tapa dura.
c) Motivo de disputa en pareja en las separaciones. Es un bien precioso, y aunque no lo sea para ambas partes, siempre es bueno pelear por ellos.
d) Mi preferida: verse intelectual con fines sociales. Leer un libro en difícil, hayas o no entendido algo del mismo, motiva conversaciones intelectualoides en donde podés quedar como un crá perdido, o en casos funestos, como un total banana.
Un ejemplito de "total banana": El otro día me llamaron la atención a unos comentarios del Gran Hermano argentino. Dos de los que están en la casa, discutían sobre un libro de filosofía porque aparentemente, uno de ellos era aficionado a ella. Mientras el libro hablaba del lego, la minita asumió que era el Ego, y el supuesto aficionado a la filosofía la corregía diciéndole que era el lego, el juego!!!
Se ve mucho en el mundo del jazz esto de cruzarse con supuestos intelectuales, e incluso verdaderos intelectuales avocados a demostrar lo mucho que saben como si fuesen enciclopedias Larousse. Lo que los delata es que causan el mismo efecto somnífero que los libros que elegís para leer en la cama, y que obviamente, muchos se pisan el palito. La fruta madura cae por su propio peso.
El artículo original parece dejar en tela de juicio la capacidad intelectual de aquellos lectores que practican el acto de Interruptus legere.
No creo que el hecho de abandonar la lectura de un libro, sin importar en qué punto del relato sea un síntoma que demuestre un menor coeficiente intelectual en el lector, así como tampoco se relaciona con la calidad de librodirectamente. Las obras de arte son subjetivas, y tienen mucho que ver no sólo con el autor, sino con el consumidor, y el medio social.
Un ecritor es un artista que cuenta historias, que comunica emociones, acciones, describe estados, y desarrolla un proceso que va a incluir al lector en él.
Algunos escritores son exitosos en eso de colgar al lector con el texto, involucrarlo emocionalmente en la historia y en esa realidad - alternativa o no - que describe. Eso hace que no pueda abandonarse la lectura. Pero para que éxito realmente tenga lugar, tienen que combinarse dos cosas, la primera es que el escritor considere la forma en que quiere compartir esa relidad a través del texto, y la segunda, que el lector esté predispuesto a recibir información de esa manera en particular.
Interrumpir una lectura puede ser el resultado de tantas cosas, desde el simple cansancio físico, pasando por una falta de fluidez en el relato, o falta de interés del lector o curiosidad por la temática, o cambios en las emociones del lector que hacen que ya no sea el momento adecuado para continuar con ese título en particular, falta de congruencia en los hechos del relato, falta de obligación del lector (si se trata por ejemplo de un libro de estudio), otros intereses que deben alimentarse de inmediato, pérdida del libro por ahí, la letra de la publicación es muy chiquita y dificulta la lectura, o el libro fue encuadernado en una forma poco práctica, o porque suena el teléfono, o el lector ya tiene que salir del baño, etc, etc... En ninguno de estos casos, el coeficiente intelectual del lector es una verdadera razón.
Así que, visto que mis libros han viajado ya por correo a mi futura locación, y que acabo de darles buenos argumentos para que consideren qué sugerirme, paso al meollo de asunto:
¿Algún libro que me puedan sugerir para que lea en mi viaje en avión (corrijo, los tres aviones) que tomaré la semana que viene? Tengo alrededor de 20 horas muertas en el aire. Ayuuuuuuuda!!!
PD. Nos vemos esta noche en La Olla.

13 abril 2007

Un emblema familiar



Cuando era chica mi padre hacía largos viajes, de alrededor de 6 meses. Trabajaba como científico a bordo del Irízar, y se quedaba largos períodos en la base argentina.

Sus proyectos tenían mucho que ver con lobos marinos pero también con las características fisico-químias del agua a punto de congelamiento del extremo sur de nuestro planeta.

Mis recuerdos al respecto pueden resumirse en las cientos de diapositivas que mi padre traía de regreso de esos viajes.
Se había armado una secuencia ordenada de su viaje, la zona donde bajaba del buque, los trabajos, los paisajes, los animalitos simpáticos y los regresos. De esta forma había mapas, fotos de los laboratorios a bordo, y además, cada imagen representaba alguna anécdota en particular.

Yo amaba ver a las foquitas, y los pinguinos (no encuentro la diéresis). Pero sin duda, lo más impresionante era ver ese barco, que para mí era un edificio enorme metido en un bote que quebraba el hielo así nomás.

Pero este rompehielos no sólo cumplía con finalidades científicas, sino que al ser uno de los buques de mayor calidad que circula por esas heladas aguas, también colaboró en misiones de rescate, y su capitán es, según los comentarios que le escuchaba a mi padre, uno de esos lobos de mar, que no pueden vivir sin estar a flote sobre algún mar, y que por supuesto, mantiene vigente las viejas tradiciones navales.

Enterarnos del incendio fue para mi familia, y en especial para mi padre, un golpe directo y profundo a las emociones.



El incendio aparentemente se originó en la sección de generadores y por lo que veo en las fotos, se extendió rápidamente. La sección de laboratorios, que como pueden ver, posee un equipamiento impresionante para facilitar las investigaciones científicas y no me quedó muy claro si el incendio llegó ahasta esa parte o no. En todo caso, las péridas de esta desgracia son incalculables, no forzosamente en valor monetario.

La actitud del capitán, Guillermo Tarapow, frente a este estado de emergencia es algo que no me extraña para nada, y hasta debo decir, predecible. Si es necesario, el capitán muere en el barco que comanda, y en este caso, se niega a abandonarlo hasta que todo se haya puesto en relativo orden.


En mis recuerdos, el Irízar seguirá siendo aquel buque impresionante, grande como un edificio, que mi padre me mostraba en las diapositivas y que fue mi primer pantallazo de la aventura que un viaje representa.










10 abril 2007

Entre Amigos

El éxito de un festival artístico o cultural no depende únicamente en la materia prima que se exponga en él. Más de un 50% del mérito en el éxito de estos encuentros es la predisposición y entrega del público, su capacidad de disfrute y sus ganas y avidez por conocer, y -por supuesto-, su manera de reconocer al que sube a un escenario entregando lo que sabe hacer y muchas veces, llevándolo a reconocerse y explorar in situ un nuevo nivel en su arte.
En lo que respecta a un festival musical como el de Jazz Entre Amigos en el que tuve nuevamente este año el placer de participar, los pasados 5 y 6 de abril en La Pedrera, la calidad de los músicos presentes no se puede poner en cuestión. Pero menos se puede dudar de la calurosa bienvenida y felicitación del público.
La música tiene una cuota muy grande de espontaneidad indómita que se lanza a la carrera. Y es en base a pequeños estímulos que accionan ciertos interruptores internos que surge la improvisación, el hallazgo, la intrepidez y la armonía desata magias. Estos estímuos no sólo se originan dentro del escenario, sino que tienen muchísimo que ver con las personas que están allí escuchando y recibiendo la energía, pudiéndola devolver en menor, igual o mayor medida. Esto se tranforma entonces en un ciclo que se retroalimenta, y el resultado de esta retroalimentación es el climax absulto.
Este festival no ahorró en climax, orgasmos musicales de todo tipo, ni en aplausos y ovaciones, no solamente por el talento y la entrega de los músicos que participaron, sino por el agradecimiento y aceptación constante del público que permaneció allí durante las 3 horas de cada concierto en total concentración.
Si me detengo a retribuir este reconocimiento en esta casita de excepciones felinas, es porque la sorpresa me llevó por delante. En general, la audiencia uruguaya suele ser medida y exigente, difícil de conformar, y en algunos casos es complicado distinguir entre un apluaso conformista y uno elogiante.
Sin embargo, en esta ocasión fue inequívoca y evidente, la felicitación, tanto que lo difícil pasó a ser el finalmente bajar del escenario.
Los músicos del Hot Club de Montevideo - los organizadores de este festival -, sin importar su generación, dieron cátedra sobre las tablas, acompañando a varios de los invitados a esta fiesta del jazz. Colaboraron con su agilidad y talento en las actuaciones de Charlotte, vocalista argentina que recientemente sacó un disco (a puro pulmón y tenacidad, algo que no es nuevo saberlo pero sí admirable); de los caños de Brasil, Walmir Gil, Vinicius Dorín, François de Lima, y "Probeta", con un repertorio que dejó más que confirmada su procedencia, a la vez que su virtuosismo en sus respectivos instrumentos; y de mí misma, haciéndome sentir una vez más - valga el parafraseo - que tocaba "entre amigos", que más que amigos, ya se sienten como una familia. Por supuesto que no faltó la presentación de Montevideo Swing, dirigida por Rodolfo Suzacq, quien además presentó el retorno de Horacio "Bocho" Pintos -uno de los fundadores del Hot Club hace ya 56 años- al escenario, con sus interpretaciones tan particulares en el saxo.
Todas estas actuaciones fueron recibidas con toda la calurosidad del público uruguayo y extrangero, con amplias sonrisas en sus rostros.
Pero sin duda, quienes deben de haber sentido más que nadie esta aceptación fue el grupo argentino Pollerapantalón.
Uno de esos encuentros casuales en las calles de Buenos Aires, donde ellos tocan normalmente a cambio de una colaboración, hizo que ellos llegaran como invitados a este festival a dejar su estilo entre funk y ska "callejero", -como ellos le llaman-, impregnado en los oídos de cada uno de nosotros.
Presentar una banda que desvía un poco el camino del estilo al que acostumbra el amante de jazz es un riesgo y a la vez un desafío.
El resultado fue un una marabunta de gente dirigiéndose a hacer cola para comprar sus discos, los que normalmente venden en la calle, en sus actuaciones diarias. Los aplausos, gritos de "Otra! Otra!", se dejaron oír fuerte y claro, y no tuvieron más remedio que seguir tocando para complacer la avidez de todos los que ahora ya son fans de la banda.
Obviamente, luego de cada concierto, las jams estuvieron en la tapa del libro, y allí se produjeron las más interesantes interacciones de estilos y talentos, que muchas veces no tienen base solamente en la música sino en la amistad. Antes que nada este festival se trata de esto, y en esta ocasión ninguno de los que allí estuvimos participando puede negar que la música cree lazos de amistad.
Por esta razón me siento más que privilegiada. Llegué este año a La Pedrera a entregar algo de música, y me llevé de vuelta una cantidad enorme de recuerdos hermosos, de mucha música, de aprendizajes, de encuentros, y sobre todo, de viejos nuevos amigos, y de nuevos nuevos amigos.
No puedo ni imaginarme lo que será el año que viene...
Si no fueron esta vez, vayan dejando el jueves y viernes de turismo en el 2008 agendado para poder asistir.
PD. Sé que hay fotos colgadas por alguna otra página... Es cuestión de investigar un poco.

04 abril 2007

SinSentidos - Les Parfums

No, no estoy desaparecida, y no me morí abajo de un puente ahora que estoy desocupada. Porque la desocupación es en realidad un término relativo. Digamos que en este momento no tengo trabajo formal porque las circunstancias pedían a gritos que me hiciera un tiempo para organizar mi partida.

Pero desocupada, lo que es desocupada, imposible.
En estos días he prácticamente vaciado la casita, el refugem personal, regalado cosas, devuelto otras, limpiado, reparado, llamado por teléfono, ensayado, reorganizado, y replanteado.
En el medio he además reiniciado una relación muy cercana con mi cuaderno verde, que gusta de mis proyectos de viaje y los pensamientos que estos desencadenan.

Pero además, anoche, invitada por Jorge, fui al cine a ver Perfume (pronúnciese Perfiúm) - The history of a murderer.

Hacía mucho tiempo que quería hablar de los aromas, básicamente porque es una de esas cosas que me guían por el mundo, mi método de reconocimiento de lo que es único e irrepetible. Unas cuántas de mis decisiones se han basado en sensaciones olfativas. Y muchos, muchísimos de mis recuerdos están asociados a este sentido.

Venía elaborando en mi cabecita la mejor manera de contarles lo demandante que es mi nariz, y lo condicionante de los aromas en los distintos ámbitos de mi vida.
Por ejemplo, muchos deben asumir como yo que cada ciudad tiene su aroma particular. Ya lo he dicho muchas veces. En algunos momentos, un olfateo fugaz del aire trae al presente el recuerdo de tal o cual ciudad.
Lo mismo sucede con las personas. Existe una base química muy fuerte relacionada con esto. La afinidad química creo que es un 80% de un encuentro. De hecho, debo confesar que supe tener una pareja con la cual no pude llegar muy lejos, por más de que era una persona agradable y divertida, por un déficit de afinidad aromática. Simplemente no era compatible. Por supuesto que es muy difícil explicar eso a una persona a la que le tienes mucho aprecio y no quierews lastimar diciendo algo que suena tan absurdo como: "tu aroma no es compatible con mi sensibilidad olfativa."
(Para ser más justa con mi confesión... esto pasó en dos ocasiones...)
Sin embargo hay personas que literalmente te embriagan con su aroma, te eloquecen, te vuelven adicto.

Como decía antes, venía buscando la manera de expresar sobre todo esto último por escrito. Pero anoche descucbrí que alguien ya lo hizo, mucho mejor de lo que yo hubiese podido, escribiendo un libro con ello. Y ese libro fue transformado en esta película a la que fui anoche.
Es cierto que la trama detrás de los aromas es un poco funesta, oscura. Pero la esencia de lo que quisiera comunicarles es la misma.

Así que en vez de intentar escribir lo que ya está escrito, mejor les recomiendo y os exhorto a que vean esta película, o mejor aún, que lean el libro de Patrick Sükind.




Disfruten de sus narices!