17 abril 2007

Interruptus legere

Sabido es que cada persona elige sus aficiones, sus pasatiempos preferidos. Algunos se dedican al deporte, otros a la caza, otros a los horóscopos, o a coleccionar monedas y sellos, a hacer deportes, a pasear el perro, a fabricar maquetas, a dibujar, etc. Pero también existe una gran porción de la población mundial que dedica sus tiempos libres a leer.
Algunos lectores son devoradores de libros, sin importar el género y la categoría. Otros son lectores selctivos, que cuidan especialmente la elección de los títulos o los autores.

Cuando leí este artículo, no pude evitar el detenerme a refleccionar sobre la influencia de los libros en lectura como un acto de recreación de la mente.

¿Qué es lo que distingue a buen libro de uno mediocre? ¿Qué es lo que nos motiva a leer hasta el final o abandonarlo?

A pesar del tono un tanto pedante del artículo, supongo que algunas cosas que allí se exponen son irrefutables.
Por ejemplo, muchos leen libros que todo el mundo dice que hay que leer, porque son moda, y la verdad es que el contenido muchas veces no es tan atractivo como te lo pintan en la tapa del libro y las campañas de marketing.

No leí El Código Da Vinci. Decidí no hacerlo porque lamentablemente vi la película primero, y es del tipo de historias donde no me gusta saber qué va a pasar por adelantado. Abandoné a Saramago varias veces, porque el ritmo de sus relatos me tranca las ganas, pero sin embargo, leí entero Cazadores de Microbios tres veces, y el Bhagavad Gita también.

No es la dificultad o facilidad con las que las historias se relatan. Supongo que prefiero el texto simple, sin adornos, con palabras sencillas, aunque me resulta más fascinante que nada, el que haya algo que leer entre líneas, o algo que reflexionar en paralalelo, algo no explícito en tinta. Por eso, el único libro que recomiendo desde mi perfil en la bloggórfera es Hambre de Knut Hamsun, como EL libro que resume todo eso. (Porque quieroque sepan que síes posible encontrar libros escritos sencillamente pero con mucho para considerar entre líneas).
Los cuentos de fantasía, las aventuras, los relatos cortos, las grandes epopeyas, también me atraen, pero no todos los autores llaman mi atención de la misma manera.
No soy para nada aficionada a la poesía, pero los versos de Baudelaire y Cortázar, más viscerales, y los de Sabines, extremadamente sensoriales y humanos, han tenido gran poder sobre mí.

Según Rodia en esta publicación:
"Todo un hombre, ese enorme libro de Tom Wolfe, tiene que ser un buen libro. Es
difícil determinarlo, es tan... best seller, tan contemporáneo que asusta que tuerce que perjudica el entendimiento. Pero está bien escrito, y ya por lo menos voy en la tercer reconsideración de su lectura, arrancando por divertido, siguiendo por disparatado terminando por irónico. En todo caso, muy recomendable. Tiene pinta de haber sido un fracaso editorial, pero no estoy seguro y no tengo mucho tiempo para buscar. Es en todo caso un libro gordo para leer de vacaciones, y que uno no puede dejar de leer. Yo al menos. Y los personajes son fantásticos, en el sentido fantastic de la palabra. Y la escena del terremoto en la cárcel es fenomenal, no hay vuelta. Estoy pensando que los buenos libros, igual que las buenas películas, tienen como característica común que la crítica o el resumen no puede nunca abarcarlos, porque el resumen reduce y el libro es todo."

Creo que aquí, Rodia expuso muchas de las principales ideas.

Primeramente el leguaje. ¿Un libro bien escrito lo hace potencialmente más leíble que uno mal escrito? ¿Determina el estilo de escritura desde este punto de vista el que se transforme en un best seller?
No me atrevería a contestar con certeza ninguna de las dos preguntas, porque la verdad es que cada lector tiene sus preferencias. Cada persona es un lector en potencia, aunque sea de carteles callejeros, pero puede decidir que simplemente no leerá libros, y entonces pasa a formar parte de los grupos de aficionados a otras cosas, como el cine, la tele, la crianza de hijos al por mayor, la pintura, la música, etc.
Y luego viene lo segundo. Las ventas no son directa o inversamente proporcionales a la calidad de un libro. De hecho, el que un libro esté bien escrito no tiene normalmente influencia ninguna sobre las ventas. Marketing... esa es la cuestión.
Este factor influye con bastante frecuencia en los ingresos de escritor. Con raras excepciones, creo que cuanto más caché reciba el escritor, más insulsa es su obra. Siempre tuve esa idea de que el artista en general, debe sufrir algún tipo de carencia básica, sufrir corporal, emocional, o mentalmente, para que su arte se vea exacerbado, al ser este una válvula de escape para ese sufrimiento. Por eso no me extraña ver en las revistas de gossip y en la tele, que la vida de los famosos de jolubu sea un desastre. El éxito y calidad de un actor se ve potenciado por las rupturas emocionales en su vida personal. Le pasa a cualquier hijo de vecino, una crisis, una caída emocional, física, un vicio, una ruptura amorosa... (sino miren a Britney Spears), sólo que nosotros siempre preferimos husmear en la vida de los famosos. ¿No es fascinante?
Pero volviendo a los libros, lo que quería en realidad transmitir, es que cuanto mejor resultado dan las campañas destinadas a vender libros (muy elaboradas por cierto, si se tiene en cuenta que un libro no es considerado un objeto de primera necesidad, y no creo que sea jamás incluido en una canasta familiar básica), más aguados se vienen los siguientes trabajos del mismo autor.
Otro tema que Rodia nombra medio de coté, es el hecho de que algunas lecturas parecen estar destinadas a los distintos momentos del año. Bien saben que hay libros que uno compra para leer en la playa, y otros como somnífero si el sueño es esquivo en las noches y al otro día uno tiene que levantarse temprano para laburar. Y la elección del bouquin para cada caso es bien distinta, sin detenerme a explicar que hay que tener sangre fría para permitir que un libro se te llene de arena y olor a bronceador. (En la playa prefiero juntar caracoles o ir al agua)
El mejor somnífero literario que tuve en mi poder en algún momento de mi vida fue un libro de historia egipcia. Creo que la magia del asunto era que estaba escrito "en difícil" y sólo para expertos que saben egipcio. Lo que me cansaba más era referirme al glosario cada dos minutos. Igual pude sacarle algo de jugo... Miren cómo habrá sido la cosa que me olvidé del título y el autor.
Es problemático cuando uno es de esas personas de humor cambiante, porque la misma lectura puede no ser la adecuada para cada noche. Por ejemplo, soy de ese tipo cambiante. En consecuencia, leo tres libros en paralelo, o ninguno. No creo que ninguna de estas dos cosas sea positiva en todo caso.
Por suerte tengo momentos devoradores, en los cuales no me levanto del asiento hasta que completé la lectura. Así me pasa con historias humanas. Son ese tipo de libros que cuando te enganchan, tenés que terminarlos mientras estés en ese preciso estado de ánimo, para capturarlo completamente. Cuanto más humanos sean los personajes, más poder ejercen sobre mí. Murakami es un autor que logra eso a la perfección.
Y obviamente, al igual que Rodia, pienso que muchos de los excelentes libros que hay por la vuelta, el resumen o la crítica, son mediocres referentes a tener en cuenta.
Para apoyar la idea, piensen en la siguiente anécdota:
Cuando era chica presencié uno de los primeros juegos del amigo invisible, entre los colegas de mi madre. El día del intercambio de regalos, uno de ellos recibió un libro. En la contratapa, la crítica decía que no había libro más esclarecedor. Se titulaba "La inteligencia de los militares". La contratapa se quedó corta... El libro estaba en blanco. Ni una sola letra estaba impresa en el interior de las 200 a 250 hojas.

Existe además un factor que influye directamente sobre los resultados comentados en el artículo original que motivó mi publicación.
El ser lector es aún considerado un estatus cultural. ¿Creen que no?
Pongamos como ejemplo las obras recomendadas por Sigmur. ¿Quién, por motivación propia, y sin necesidad de que haya ningún curso de facutad que lo requiera, va a abrir las páginas de un libro de Herrera y Reissig? Ojo que no estoy quitándole crédito al que tiene la curiosidad natural de embarcarse en esas aguas. Al fin de cuentas, yo soy de las que compra libros en la feria sobre crítica de arte, de esos que ya se habían publicado antes de que yo naciera. No tengo autoridad moral para afirmar que es siempre así, pero ustedes saben como yo, que los libros son utilizados para diversos objetivos que no tienen absolutamente nada que ver con el placer por la lectura.
Ejemplos:
a) El levante. Las telenovelas y películas románticas son muy buenas en mostrar este punto. El muchachito o la muchachita sentado/a en la plaza, con libro en las manos en el regazo. En lo posible el título elegido es de esos intelectualoides, o por lo menos tiene que ser un libro gordito. Para completar la escena, unos lentes chiquitos no vienen nada mal, o una gabardina en su defecto.
Algunos ni siquiera se molestan en sentarse en la plaza, o el bar, o el bondi, a simular que les interesa lo que leen, sino que andan por ahí cargando el libro como quien sale con la billetera o las llaves.
Yo no aconsejo que pongan a prueba la efectividad de esta técnica de levante. Los que estarían afin con el libro elegido, simplemente no son de los que se acercarían a alguien en una plaza o bar. Quien se acerca, no es precisamente un lector compulsivo. Pero según me comentó Melchor al respecto, no hay duda de que se formaría una pareja feliz si el encuentro resulta bien. Lo menos que harían es leer.
b) Sostén de discos, posa vasos, levantador de pantalla de computadora. Conozco a una persona que pone libros gordos en los bordes de la repisa porque son soportes ideales para evitar que se le caigan los CDs. En este caso son utilizados como recursos prácticos domésticos. Los más exitosos en esta función son los de tapa dura.
c) Motivo de disputa en pareja en las separaciones. Es un bien precioso, y aunque no lo sea para ambas partes, siempre es bueno pelear por ellos.
d) Mi preferida: verse intelectual con fines sociales. Leer un libro en difícil, hayas o no entendido algo del mismo, motiva conversaciones intelectualoides en donde podés quedar como un crá perdido, o en casos funestos, como un total banana.
Un ejemplito de "total banana": El otro día me llamaron la atención a unos comentarios del Gran Hermano argentino. Dos de los que están en la casa, discutían sobre un libro de filosofía porque aparentemente, uno de ellos era aficionado a ella. Mientras el libro hablaba del lego, la minita asumió que era el Ego, y el supuesto aficionado a la filosofía la corregía diciéndole que era el lego, el juego!!!
Se ve mucho en el mundo del jazz esto de cruzarse con supuestos intelectuales, e incluso verdaderos intelectuales avocados a demostrar lo mucho que saben como si fuesen enciclopedias Larousse. Lo que los delata es que causan el mismo efecto somnífero que los libros que elegís para leer en la cama, y que obviamente, muchos se pisan el palito. La fruta madura cae por su propio peso.
El artículo original parece dejar en tela de juicio la capacidad intelectual de aquellos lectores que practican el acto de Interruptus legere.
No creo que el hecho de abandonar la lectura de un libro, sin importar en qué punto del relato sea un síntoma que demuestre un menor coeficiente intelectual en el lector, así como tampoco se relaciona con la calidad de librodirectamente. Las obras de arte son subjetivas, y tienen mucho que ver no sólo con el autor, sino con el consumidor, y el medio social.
Un ecritor es un artista que cuenta historias, que comunica emociones, acciones, describe estados, y desarrolla un proceso que va a incluir al lector en él.
Algunos escritores son exitosos en eso de colgar al lector con el texto, involucrarlo emocionalmente en la historia y en esa realidad - alternativa o no - que describe. Eso hace que no pueda abandonarse la lectura. Pero para que éxito realmente tenga lugar, tienen que combinarse dos cosas, la primera es que el escritor considere la forma en que quiere compartir esa relidad a través del texto, y la segunda, que el lector esté predispuesto a recibir información de esa manera en particular.
Interrumpir una lectura puede ser el resultado de tantas cosas, desde el simple cansancio físico, pasando por una falta de fluidez en el relato, o falta de interés del lector o curiosidad por la temática, o cambios en las emociones del lector que hacen que ya no sea el momento adecuado para continuar con ese título en particular, falta de congruencia en los hechos del relato, falta de obligación del lector (si se trata por ejemplo de un libro de estudio), otros intereses que deben alimentarse de inmediato, pérdida del libro por ahí, la letra de la publicación es muy chiquita y dificulta la lectura, o el libro fue encuadernado en una forma poco práctica, o porque suena el teléfono, o el lector ya tiene que salir del baño, etc, etc... En ninguno de estos casos, el coeficiente intelectual del lector es una verdadera razón.
Así que, visto que mis libros han viajado ya por correo a mi futura locación, y que acabo de darles buenos argumentos para que consideren qué sugerirme, paso al meollo de asunto:
¿Algún libro que me puedan sugerir para que lea en mi viaje en avión (corrijo, los tres aviones) que tomaré la semana que viene? Tengo alrededor de 20 horas muertas en el aire. Ayuuuuuuuda!!!
PD. Nos vemos esta noche en La Olla.

8 comentarios:

Walter Hego dijo...

Dharma: te remito a mi incompletísima lista de libros favoritos.

Quizá alguno de ellos, si lo conseguís antes del despegue, empezás a leerlo en el avión y te engancha, haga que esas veinte horas se te pasen volando. (Perdón por el más que boludo chiste.)

Salú y buen viaje.

Dharma dijo...

Chas grá Walter! ¿Son difíciles de conseguir? ¿Será la feria de Tristán adecuada para encontrar alguno?

Walter Hego dijo...

No sé cuán fáciles serán de conseguir en la feria, porque buena parte de ellos los adquirí (léase "canjeé") hace ya mucho tiempo en la ex "Ruben", actual "Librería Cooperativa del Cordón", creo. (¿O ése fue el segundo nombre y ahora se llama de otra manera? No sé, hace bastante tiempo que no voy; concretamente, desde que empezaron a exigir en efectivo un treinta por ciento del vale que te dan por los libros que llevás para canjear.)

Como sea, suerte.

YosoyineS dijo...

Hola! Si me dejás sugerirte algo, te puedo recomendar "El péndulo de Foucault" de Umberto Eco. Arranca medio complicadete, pero una vez que lo enganchás, no lo soltás.

Y ese pa conseguir debería ser fácil, porque es como "En el nombre de la rosa", son clásicos.

Y Rúben se sigue llamando igual, la Cooperativa del Cordón está al lado (Te lo digo yo que cada vez que voy a la Fac. de Psicología le paso por al lado).

Que tengas un muy buen viaje, sin pozos de aire, ni tormentas, ni atrasos en aeropuertos, ni nada de eso! Y no te pierdas en el abismo exterior! Saludos y abrazos

Dharma dijo...

Oki! Tomo nota! Muchas gracias!

Tramontana dijo...

Yo te sugeriría algo de Murakami, ya que es un autor que te gusta y sin duda es una lectura que se disfruta.

Dharma dijo...

Tramontana! Si! Murakami es buena lectura para el avión. Espero estar a tiempo aún de conseguir. No sé cómo no se me ocurrió antes.
Nos vemos en... en... dos días!

Dharma dijo...

Encontré el de Juceca. Decidí que mi gripe lo necesitaba. Así que opté por la risa chabacanera nomás.

Pero sus sugerencias serán tenidas en cuenta igual.

Saludetes!