08 junio 2007

Apretones, comilonas y burocracias

Aquí los días se están pareciendo más a lo que meteorológicamente suele ser Monterrey: calooooor, sequedad y polvillo en el aire. Anuncian 40 gradetes pa hoy, y más o menos lo mismo vienen prediciendo en toda la semana. Hoy que está nublado y que no creo que la temperatura esté tan alta, ya me sentí algo asquerosita y pegajosa. Y amenaza la lluvia que no cae... parece que se riera de nosotros!

Luego de haber por fin aprendido a dar apretones de manos a los mexicanos en vez de besos directos, parece que mi capacidad de sociabilizar con la gente de por aquí ha mejorado un poco.
Igual, déjenme decirles que no fue empresa fácil eso de dar la mano. Es que me resulta muy poco natural. A una que le gusta el abrazote y el besuqueo y esos contactos cuasi impúdicos según otras sociedades, esto de mantenerme a más de por lo menos un metro con la persona que saludás, como cuando extendía el brazo para tomar distancia de mi compañero en la fila de la escuela, es algo que no me sale así, de las entrañas.
Recibí un mini cursillo, porque además mis agarradas de mano eran algo así como flácidas, al tomarme por sorpresa. Entiendo que aquí los hombres, que son machos y esas cosas que tiene esta sociedad, son bastante renuentes a besarse en el saludo, pero pensé en mi ingenuidad, que ese código no aplicaba entre hombres y mujeres, o entre mujeres... Parece que sí, en cierta forma.
Al final, luego de unas semanitas de práctica, creo que al menos no me toma desprevenida el que me extiendan la mano desde dos metros, cosa de que no rompa las barreras sociales del saludos, y ya puedo extender la mía y estrecharla sin que el contacto se limite a unos dedos despistados que resbalan como desfalleciendo.

Otra de las cosas a la que me vengo acostumbrando es a repetir lo que digo. Al principio pensé que me pedían repetición porque los códigos de lenguaje no son los mismos, y hay muchos modismos uruguayos que simplemente no son captados por los mexicanos. Luego me di cuenta de en realidad se trata del volúmen de mi voz, que debe ser imperceptible para ellos.
El mexicano no sólo habla más fuerte, sino que aquí en el norte, hablan más golpeado, cosa que uno pensaría que es agresivo. Debe ser por eso que en los boliches, la música en vivo está insufriblemente fuerte. Tan sordos, tan! Es eso!

Y mientras sigo intentando armar banda para tocar alguito de jazz antes de que el síndrome de abstinencia me devore, fui a una entrevista de trabajo en la cual me fue muy bien. Tan bien me fue, que ya estoy haciendo los trámites correspondientes en migraciones.

Y ahí, el flagelo máximo de la sociedad mexicana entró maquiavélicamente en juego: la burocracia.
No sólo tengo que conseguir como 12 ítems de una lista, lista que no está publicada en la página de internet del INM (Instituto Nacional de Migraciones), cuya navegabilidad es un enigma, un acertijo, un juego de espejos inescrutable. De entre esos 12 ítems, 5 de ellos se basan en llenar formularios, para los cuales, por supuesto, ni las instrucciones están correctamente indicadas, ni los que se suponen que reciben dichos formularios saben exactamente cual es el contenido correcto.
Parece que hay oficinas públicas que se dedican a llenarte los formularios por una módica suma, porque no pueden tener tachones ni corrector, y te las mandan pa'trás si le erraste en algo.
En cuanto al resto de los requisitos, les faltó pedirme el examen de sangre y orina, porque todo lo demás ya está contemplado.
Por supuesto, solamente por recibir la documentación te están cobrando, y luego, dependiendo del trámite, otra cuota se hará menester. Y mientras tanto, puede pasar hasta un mes para que te digan si sí o si no. Y si no, obviamente, no hay reembolso de lo invertido.
Qué delicia la burocracia! (Cuando SEA grande VOY a SER un FORMULARIO BUROCRÁTICO MEXICANO.)

Pero algo es algo. Hay que aprender a quejarse menos, y reírse más. El otro día estaba pensando qué hubiese pasado si el Uruguay fuese un país de Centroamérica, cercano al caribe. ¿Se imaginan las quejas constantes? Además de quejarnos por la economía y los políticos y el fútbol, nos estaríamos quejando de los terremotos, ciclones, epidemias tropicales, deslaves de las montañas, incendios de las selvas y bosques tropicales, del calor insoportable del norte, de la altura y el smog, los tornados, el PAN, el PRI, el PRD, los traficantes de drogas, los asesinatos a los policías, la falta de recursos para la educación, la reforma del ISSSTE (¿me fui de tema?), y varios etcéteras. Prácticamente, nos estaríamos quejando de existir (sí, aún más que en la actualidad). Supongo que la naturaleza fue sabia al instalarnos en un cratón, de suaves ondulaciones, y menos factores que motiven la queja.
Igual todos sabemos que los uruguayos no ahorramos en momentos para lamentarnos de algo, o para sufrir nostalgias de un tiempo mejor. Como dijo el escorpión de la fábula: "Es mi naturaleza." (Aunque intento que no sea la mía en particular.)

Para festejar mi inminente incorporación a la fuerza laburante de este país, me fui a la VII Feria Gastronómica en Santiago, Nuevo León, un pueblito hermoso, lleno de subidas y bajadas, casas preciosas, y un lago!, el de la represa.
Allí probé todo lo que mi estómago me permitió, ya que empezaron a servir la comida a las 19hs de la tarde cuando había llegado a las 15:30hs al lugar.
Esta feria se parece a una que supo haber en Montevideo cuando era chica, sólo que se concentraba más en las delicias culinarias mexicanas, y no tanto en las internacionales.
Por supuesto, el cabrito fue lo primero, al ser la especialidad de la región, y para el cual la cola se empezó a formar media hora antes.

Obviamente, el palabrerío sobra. Mejor los dejo con algunas imágenes (algunas bastante feúchas pero se dejan ver).


Una vista del lago de la represa.


Vecinas viendo el movimiento.


Pases para comer...


Haciendo tortillas.


Brochetitas de pollo agridulce.


Arroz poblano con chile poblano (gracias por la corrección, Tramontana!).


Tequila servido en chiles.


Frijoles a la charra.


Guacamole (riiiico!)


Puerco en ataúd.


Cabritos a la una...


Cabritos a la dos...


Cabritos a la tres...


Carbitos a la cuatro...


Cabritos a la cinco...

La cola para los cabritos.

Pórtense mal.