23 setiembre 2008

Trivia de la clásica nostalgia - Primera parte

Uruguay es un país de nostalgias. No, no sólo por el tango, sino por unas cuántas cosas más. Quien vive al país, o lo vive estando fuera de él, sabe que es un estado mental, que está arraigado, metido en los sesos, amalgamado con el diario vivir.
No he encontrado en ninguno de mis compatriotas dentro y fuera del paisito, excepción alguna a esta regla. Y sabemos que es mentira, en el fondo, muy adentro, cuando nadie nos ve, podríamos hasta admitir que es atrozmente falso eso de que todo tiempo pasado fue mejor. Muchos tienen en su haber unas cuántas heridas, personales y sociales, que no tienen más remedio que ver reflejadas en el espejo cada mañana, más o menos en el mismo momento que tratan de decidir si el uso del hilo dental puede ser o no positivamente redituable en el espacio-tiempo de una muela.
Ahí uno se desmiente a sí mismo el mito de la nostalgia cristalina, del pasado grandioso, de todos los Maracanás de antaño.

Ver atrás, verse a uno o al mundo en reversa, no tiene por qué estar contaminado de esa patraña gloriosa. Al final, los más cínicos de mis amigos recurren a la nostalgia para burlarse (al fin de cuentas de sí mismos), los más intelectualoides suelen filosofar al respecto con cierta hipocresía, y otros sólo caen en cuenta de que cada rutina se transforma en otra, y que todas están unidas por el mismo hilo conductor.

Mis momentos de nostalgia en la lejanía se reducen a percepciones sensitivas más que nada. Los olores, las imágenes, los sabores, los acentos, las melodías, el estremecimiento en la piel, el equilibrio. Estoy segura que muchos estarán ahora pensando en sus propias nostalgias.

Nunca falta un uruguayo diciendo: "Uy! El Vascolet con pan con manteca que comía cuando volvía de la escuela!", o por ejemplo: "Che, me comería un pancho de La Pasiva con mostazita!". "¿Te acordás de ese tema de Canciones para no dormir la siesta?" "Lo que daría por el olor a jazmines que empieza a sentirse en Uruguay cuando empieza el verano". "No! Pará! Para olores no hay mejor que el de las tortas fritas que sale de las ventanas de las casas en los días de lluvia." "Me quedo con las bombitas de agua en el verano, cerquita de Navidad, cuando éramos pibes y podíamos jugar en la calle", seguido de un "En ese tiempo la selección sí que jugaba". O uno de los más famosos: "Gardel cada día canta mejor." (Podría extenderme en esta última aseveración ya que en sucesivas escuchas he reflexionado sobre la raíz del canto que evoluciona con el pasar de los años de un cantante que ya no está, pero en esta entrega no es ese mi cometido.)

La verdad de la milanesa (hummm milanesa en dos panes...) es que sólo nos trae nostalgia aquello que todavía perdura de alguna manera en el presente. El cuerpo y la mente tienen memoria, y la memoria del regocijo es la que más les importa, porque aunque uno sea de lo más masoquista, el instinto nos lleva siempre buscar ese estado de regocijo que recuerda y que se manifiesta en forma de nostalgia.
He llegado a la humilde (y reconozco que no del todo cierta) conclusión, de que aquellas cosas, eventos o sensaciones que nos causan nostalgia en el presente, son aquellas que, unidos por el hilo conductor del que hablaba anteriormente, nos impulsan a mantener ciertos hábitos, rutinas o gustos en el presente, o simplemente ayudan a mantener la esperanza (que aunque parezca una palabra medio estúpida en estos tiempos de caos, para algunos sigue siendo una poderosa fuerza).

Apoyada en esta idea, descubrí que cada vez que veo un traje de hombre, de esos con rallas negras y blancas, no pienso en lo fuera de moda que está hoy en día, sino en mi abuelo que solía usarlo, lo cual por extensión hace que me caigan muy bien los veteranos que todavía los usan y me impulsa a establecer charlas con ellos.
También entontré que en mis relaciones, los recuerdos y nostalgias que me atacan y que atañen a mis amigos y algomases no es el recuerdo de ser amigos como un estado, sino de la forma en que la amistad (o los algomases) se fueron frojando.
Si no hubiese estudiado lo que estudié, y comido tantas galletas de arroz con mate, no tendría la amistad que ahora mantengo con Laurita. Y si no hubiese querido ayudar a sanar y dar hogar a los perros callejeros de Malvín Norte no tendría a Nico entre mis más entrañables amigos. Eso sin contar el maravilloso episodio de cómo me estudié todo para ese exámen de Matemáticas en la facu, y lo perdí por un pelín gracias a que me corrigió ese profesor que yo no conocía, pero que en el momento de la revisión pude conocer, y no nos pusimos de acuerdo entonces, pero obviamente la siguiente salvé el examen sin estudiar nada y al final me crucé con ese profesor durante semanas en todo concierto al que asistía (uno en particular donde me agarró llorando emocionada por la música) y luego en el Hot Club, y para hacerla corta, ahora es un amigazo! y cada vez que pienso en la facu me acuerdo que fue una feliz coincidencia que él me hiciera perder un examen (y cuando lo recordamos juntos nos seguimos peleando por eso).

Pero seguramente cada cual tendrá su manera de ver las cosas, de asimilar la nostalgia, y sacará sus propias conclusiones al respecto.

Más recientemente, estoy recordando algunas piezas de música clásica. Me la pasé tarareando óperas, pedazos de sonfonías y ainda mais. Haciendo gala de mi ejercicio conector de ideas, llegué a mi infancia mirando la tele los domingos, cuando pasaban el programa Cine Baby. Entre los Osos Gummies y alguno de esos otros dibujitos, pasaban piezas de animación de la Warner o de Disney, con sólo música de fondo.
En una de esas piezas se estancó mi memoria. A ver si ustedes me ayudan...

Había una animación que podría decir que es de la Warner (pero podría estar completamente errada al respecto) en donde un zapatero remendón tenía que terminar muchos trabajos pendientes. Una noche se acostó y aparecieron un montón de duendes a ayudarlo con la tarea, los cuales cosían zapatos, pintaban y lustraban botas al son de un vals.
Y ahí está la parte donde necesito que nuestros poderes nostálgicos se unan y que juntos llamen al Mega Nostalgión para que me digan: ¿Cuál era ese vals? ¿Era un vals? ¿Eran varias piezas musicales de las cuales alguna era un vals? ¿Cuál era la música de ese episodio animado? ¿Eh?


Les dejo tarea pa rato.

Pórtense mal.

04 setiembre 2008

Imperdible

Mañana voy a ir a la galería El Color de los Sueños a ver la inauguración de la exposición de fotografías de Pablo Perez a las 20:30hs:

"Lo bailado, nadie te lo quita"


Y usté?

El Color de los Sueños queda en Diego de Montemayor 649 Sur, Barrio Antiguo, Monterrey, Nuevo León, México.