25 octubre 2009

Perfil XXIII - Causas y efectos

Este no es más que un ejercicio de memoria


Ese día la vecina vino de visita a la casa de mis padres, después de comprar en la feria de la esquina unas verduras para la sopa.
Laura vive ahora en la vuelta de lo de mis viejos, pero cuando se mudó al barrio vivió en la misma esquina donde ahora hay un edificio y antes había una casa vieja y gris. Vivió en esa casa vieja y gris algunos años, cuando yo era chica, pero no hablaba mucho. Salía a comprar verduras a la feria y yo la observaba desde el camión de los quesos donde los vendedores me permitían aprender a envolver la docena de huevos con el papel de diario y a pesar el queso en la balanza. Me compensaban con galletitas Solar por ayudarlos, aunque mi mayor recompensa consistía en charlar con los vecinos que venían a comprar quesos y huevos.
Me enteré que Laura tenía dos hijas y un marido como a los 7 años, cuando por casualidad los ví salir a todos juntos de la casa. Las hijas tenían unos pocos años más que yo y sentí curiosidad por conocerlos. Entonces durante un año me acerqué a esa familia y logramos asistir al cumpleaños de alguna de las niñas.
Las circunstancias me llevaron lejos de esa esquina unos años, y al regresar al barrio, ella ya se había mudado a la vuelta, divorciada y con la custodia de las niñas. Supe más tarde que hasta había tenido una discusión con mi madre que involucraba préstamos de ollas o algo parecido y que Laura había tenido una reacción exagerada y alarmante y había decidido que no prolongaría esa amistad.
El tiempo pasó, todos crecimos, algunos envejecimos, y hace unos pocos años atrás la vecina y mi madre volvieron a charlar, limaron asperezas del pasado y empezaron con la rutina de juntarse a charlar los viernes, después de comprar en la feria.
Mi madre le pasaba una receta de sopa que hacía mi abuela y que quedaba muy bien, ya que las verduras que había comprado la vecina eran ideales y mi padre empezó a hablar de condimentos y la conversación se fue desviando a hablar de mi tío que es chef, pero que aprendió con un tipo que conoció cuando estuvo preso por imprimir propaganda inadecuada en épocas donde imprimir lo que sea era vetado por los militares, y de pronto Laura, la vecina, preguntó dónde había estado preso mi tío.
- Porque yo estuve presa también, porque si no me dejaba apresar, se llevaban a mi marido. - Dijo.
- Pero, ¿por qué? - preguntó mi padre que por una vez dejó de hablar hasta el hartazgo.
- Porque ayudábamos a otros a esconderse, a los que nos pedían esconder a sus hijos o a sus mujeres embarazadas o cosas por el estilo. - Y sin necesidad de preguntar nada más, ella continuó su relato.
- Nos tenían tiradas a las mujeres en una celda, y no teníamos muy claro si era de día o de noche, pero teníamos muy claro cuando era momento de interrogatorios. De repente entraba uno y te ponía una capucha para que no vieras. Y entonces entraban unos más y empezaban con las preguntas. Mientras te preguntaban te iban sosteniendo unos las piernas y otros los brazos, muchas veces te ponían boca abajo con la cabeza cercana a la pared. Dolía mucho, y no podías llorar porque entonces ajustaban la capucha. Habíamos acordado con las mujeres no decir una sola palabra, ni una, ni intentar decir nada, para no darles pie. No sé cuánto duraba. Sabías que se turnaban, que cuando uno se sentía satisfecho, seguía otro con otra ronda de preguntas. Pero ¿sabés qué? Aprendimos que si aguantabas los primeros momentos, ya el cerebro hacía click, y no sentías más dolor. Después que dejás de sentir dolor, no hay nada que te puedan hacer que les pueda funcionar. Me podrían haber matado ahí mismo, porque ya no sentís, ni escuchás sus preguntas ni las puteadas que se mandan para quebrarte, para quebrar tu integridad. Finalmente se cansaban y se iban, pero te dejaban la capucha puesta un rato. Mi conclusión es que la capucha ayudaba a que ellos no vieran la cara de la mujer a la que estaban violando porque al final no creo que ninguna mujer pudiese reconocer a ninguno de los tipos en esa oscuridad y circunstancias. Una vez uno me mordió, y como no grité, me mordió más fuerte hasta que me arrancó un pedazo de piel y entonces parece que se dio cuenta de lo que acababa de hacer y me vomitó encima. Estuve mucho tiempo con el vómito encima porque no te daban nada para limpiarte.
Tuve una compañera, otra mujer en las mismas condiciones que yo. Ella no paraba de llorar cuando estábamos solas. Pero cuando llegaban ellos a buscarla no le escuchabas ni una sola queja. Hasta que un día se defendió y se debatió. Se la llevaron. Nunca más super de ella. Pero en ese momento no había más lugar para el dolor. Si te quedabas callada, capaz que sobrevivías. -

De repente Laura volvió a virar la conversación de nuevo a la sopa y los ingredientes.

Cuando salió de casa, con su bolsa de la feria llena de verduras, yo no tenía más que dolor en mis entrañas. No podía pronunciar una sola palabra. Mis padres tampoco volvieron a hablar ese día.

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- En esa esquina antes era un cuartel de milicos. - Me dijo Sandra un día que me llevaba a casa. - Por eso está abandonado. Los que saben lo que pasó ahí adentro, no quieren alquilar ni comprar ese lugar y los vecinos quieren que la derriben y revuelvan en los escombros para ver si encuentran algo, pero el dueño no da el brazo a torcer, aunque nadie tiene muy claro quién es. - Agregó.
Nunca más escuché hablar de temas similares a Sandra. Sabía que pasó un tiempo encerrada, sabía que luego la habían soltado y decidió cruzar el charco con su hija pequeña y su esposo. De allí volvió al terminar la dictadura, siendo ahora una familia de cuatro integrantes.
Ella es una persona de fuertes convicciones y muy activa, que ama el cine, la literatura, la ciencia, y hacer deporte, aunque algunas veces sus humores cambiaban repentinamente, y es cuando no había manera de razonar nada con ella.
Sus hijos tampoco conocen los detalles; sabían lo mismo que yo del pasado de su propia familia. Nada de detalles, nada de nombres, de lugares, de fechas, de actos. Sabían lo básico que podían saber.
La última vez que la vi en persona me dijo que ella protegería a su familia y me advirtió que cuidara mis actos como amiga que era para que ningún miembro de su familia se viese afectado o herido. No supe qué pensar al respecto, no entendí si era una advertencia, un consejo o una amenaza, pero sí decidí tomar distancia.
Cuando sus arranques de de furia se volvieron más frecuentes y repentinos, finalmente Sandra fue convencida por su familia de que visitara un médico.
Fue diagnosticada con síndrome bipolar y le recetaron unos medicamentos. Me enteré en una conversación casual de esto y el comentario de entonces de quien me lo dijo fue: "tanto silencio guardado obligó a su mente a fragmentarse; cuando algo pequeño, ínfimo, la contraría, ella reacciona por todo lo que en algún momento no pudo reaccionar".

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En ese año inauguraron otro shopping. La gente, curiosa, se agolpaba en las puertas para ver las nuevas tiendas y la reforma del edificio. Los medios no hablaban más que de esta inauguración, del dinero invertido, del movimiento de dinero que favorecería, de la remodelación, de lo novedoso de este shopping en particular.
En la primer semana después de la apertura del lugar, mientras realizaban entrevistas a los visitantes, un par de periodistas encontraron a un hombre sentado en el piso frente a una tienda de jeans. Le preguntaron su opinión sobre el lugar para continuar con su nota de color.
- ¿Qué opina sobre el nuevo shopping? - Le interrogaron.
- Es muy luminoso. - Dijo el hombre sin apartar la vista de la vidriera de jeans.
Los jóvenes periodistas no aguantaron la curiosidad y le preguntaron entonces por qué estaba sentado en el piso, habiendo bancos para descansar.
- Estoy viendo el lugar donde estuve encerrado más de 10 años. Aquí viví yo, y aquí estuvieron muchos, muchos, todos juntos viviendo, y muchos no viven hoy para ver lo que yo estoy viendo. -

En la edición de la nota sobre el shopping, este hombre no aparece. La grabación luego despareció. Algunos dicen que fue un invento, otros dicen que fue un fantasma.

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Si él no hubiese sido encarcelado, si no hubiese de repente desaparecido de la nómina de visitas de la cárcel, si mi madre hubiese sabido antes lo que el futuro deparaba, entonces quizás yo tendría un hermano mayor.
Pero él, no está en la lista, nadie más preguntó por él ya que ni siquiera se sabe qué fue del resto de su familia, no hay quien averigüe lo que pasó y sólo permanece en el recuerdo de mi madre que nunca supo su nombre real.

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Malena adoptó a sus hijos. Ellos siempre supieron que ella los había adoptado. Sus hijos fueron separados de sus padres biológicos en el mismo año que yo nací y ellos eran bebés. Ella no podía tener hijos, y esos bebés ya no tenían padres.
Malena no cantaba tango, pero ayudaba en los partos, o más bien, recibía a los bebés luego del parto, y los cuidaba los primeros días, porque las madres estaban demasiado débiles o mutiladas, o no habían sobrevivido el parto, o estaban siendo interrogadas.
Cuando moría una madre, Malena era obligada a entregar el bebé a otras personas. Algunos eran foráneos y se llevaban al niño lejos del país, otros eran familiares cercanos de la difunta, pero la mayoría no se anotaba en la lista de nacimientos por órdenes superiores.
Los hijos de Malena saben que ella los adoptó alegando haberlos entregado de acuerdo al plan. Ella sólo sabe el nombre de una de las madres biológicas. Los demás siguen esperando.
Uno de esos hijos estudió para ser médico forense.

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Esta noche no hay dolor, vergüenza o palabras que llenen este espacio vacío. Cualquier intento es vano. La ausencia sufre su peor condena: el olvido.



PD. Ojalá lo que estuviese escribiendo esta noche fuese inventado.

21 octubre 2009

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip!

Holátiles! Te comunicaste Chez Dharmita, en La Quinta Pata.
En este momento me encantaría contestarte pero estoy esperando que el ahora degradado huracán Rick, permita que algún avión pueda despegar rumbo al sur.
Llevo credencial, llevo expectativas e iré a reencontrarme aunque sea por breves momentos con aquellos a los que la sangre no pudo, pero las circunstancias transormaron de todas maneras en familia.

Si me dejás tu mensaje, seguramente lo veré e intentaré contestarte en algún momento. Para ello, pinchá en la volqueta de escombros y dejá tu chacho'e ladrillo.

Portate mal!

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(Para terminar envíe y cierre, haga un click en los enlaces a la derecha de la página principal)
Ah!
Para que hagas memoria, te dejo los links de todo el ciclo de Perfiles (algunos dentro de posts de otra cosa), y todo el ciclo de Liliputienses.
Ahora sí!
Piiiiiiiiiiiiip!