26 mayo 2010

Buscadores

Buscaba un amanecer con mate y abrazos, buscaba una mirada cómplice de un lado al otro del salón que nos aislara en las reuniones atestadas de gente, buscaba una caricia furtiva en los quehaceres diarios, busacaba el beso tembloroso de emociones, buscaba la noche interminable y húmeda, buscaba sentir el latido del corazón fuerte, buscaba intromisiones en la ducha, charlas inagotables, interrupciones abruptas, descubrimientos simultáneos, maravillarse de ser y estar, pelear para empatar, buscaba exploraciones, detalles, comprensión, mariposas aleteando, compañerismo, conciencia de la realidad.

Nunca pedí máscaras, ni lejanías, ni frialdad, ni dinero. No pedí astros del cielo ni de la tierra, no pedí héroes, ni culpables, ni rabietas, ni pañuelos desechables, ni telenovelas, ni guerras, ni costillas, ni dioses.

No esperé más de lo que sabía que era humanamente posible de conseguir.

Curiosamente, encontré lo que buscaba, todo junto, todo en un paquete, completito.

El error fue que entonces dejé de buscar.

18 mayo 2010

Un Pinocho de carne y hueso que Disney no puede deformar

El pasado 14 de mayo tuve la dicha de asistir al concierto de Pinocho Routin, gracias a una oportuna invitación de uno de los músicos involucrados en el proyecto.
Luego de la cola de rigor en la puerta de Espacio Guambia, donde nos topamos con el inconveniente de que simplemente no importa que las mesas y las entradas no estén numeradas, algunas no se pueden usar (precisamente la que queríamos), nos instalamos finalmente en un lugar no tan desagradable.

Espacio G se ha convertido en uno de los bastiones de la cultura musical uruguaya y se esfuerza en ofrecer espectáculos de calidad, aunque cada vez que voy (con bastante separación temporal entre visita y visita), el menú se acorta y su relación calidad-precio se torna dudosa, sobre todo cuando uno ya pagó su entrada al espectáculo.
Picada en la mesa, y unas pitas frías y sin tostar fueron tragadas con cervecita negra (gracias Patricia, por existir).

Pero vayamos a lo que les interesa...

Pinocho se apareció solito en el escenario y presentó a una amiga, jovencita, indómita, Matilde López, alumna de canto de Carmen Pi, quién se atrevió a cantar acapella frente a un público que no entendía muy bien de qué se trataba, pero reaccionó con cálidos aplausos. Posteriormente fue acompañada por Carmen Pi en piano y coros. Las interpretaciones de Matilde tuvieron mucho cuidado en la afinación, y cierta suavidad en la voz (que bien podría deberse a los nervios de estar ahí plantada frente a gente desonocida).



















Resurgió entonces Pinocho de atrás de la cortina roja y dio arranque a su espectáculo, con toda la fuerza y buena energía que uno podría esperar de él.
En el escenario estaban: Carmen Pi (piano, pianola, coros), Gonzalo Durán (guitarra), Edu Pitufo Lombardo (guitarra, coros, platillo), Nico Mora (guitarras y bandoneón), Gerardo Alonso (bajo y coros), Martín Ibarburu (batería).

Cantó temas de su último disco Flores, y clásicos carnavaleros y no tanto. Se dio el lujo de hacer un tango, y una dupla notable con Pitufo.



Sonido prolijito, aunque sabemos que el local de Espacio G,que a veces parece salón de fiestas de 15, con sus columnas atravesadas y sus vigas tan cercanas al escenario, tienden a tragar ciertas frecuencias agudas. Sin embargo, el sonidista (que ha sido el mismo desde que fui la primera vez), parece tener bien calados todos los inconvenientes del lugar. Los volúmenes y timbres eran exactos. De hecho, me resultó que el sonido era aún mejor que el del pasado concierto de Hugo Fattoruso en la Zitarrosa.Como desenfundé al toque la cámara de fotos pude percibir un inconveniente (aunque secundario y para algunos insignificante), que fue el encontrar en ese largo escenario, luz apropiada para retratar a todos los músicos, individualmente o en conjunto. Por supuesto, el foco principal cayó siempre sobre Pinocho, lo cual era de esperarse, pero los músicos a sus lados parecían muteados en el escenario, por momentos casi irreconocibles.

Más allá de esos detalles, fue un espectáculo redondo, muy bien planeado, cuyo hilo conductor fue invariablemente la conversación de Pinocho con el público. Lo que no está cantando, lo está comentando entre canción y canción. Pinocho tiene ese carisma carnavalero, es un gran contador de historias, y posee una capacidad innata de hacer reír al que escucha. Sus interpretaciones, además, fueron impecables, creíbles, compartidas.


Encontré que es uno de los pocos artistas que se para en el escenario para entregar su espectáculo al público. Esta característica, que parece medio tonta de mencionar, no es una constante en los últimos tiempos, donde el artista parece hacer su show ensimismado. Pinocho se entrega, en voz, en movimiento, en interpretación, y exhorta (como lo hizo en la última canción) al público a estar allí con él activamente.

En materia puramente musical, destacaron los arreglos de Carmen Pi, y de Pitufo Lombardo, responsable artístico del concierto. Todos en la banda cantaron coros en algún momento y el beat siempre firme e interesante de Martín Ibarburu en la batería contagió a todos.



Las miradas estaban abstraídas en el escenario, en la figura de Pinocho. Todos reían, todos compartían, todos formaban parte de ese momento.







Mi conclusión personal: Dios Momo no sólo desciende de sus Olimpos en carnaval...



(Cuando sea grande voy a ser fan de IU, ¿y vos?)

Hugo: Crónica de un concierto anunciado

Versión editada para el blog



Encuentro a Uruguay inspirado, inspirante, inspirador, conspirador de suspensos y creatividad.

Es por esto que ya con la mente más clara el día de hoy, después de unos días que no hicieron más que celebrar para mí lo que la inspiración evoca y causa, quería contarles (con grandes chances de que sea una verborragia ilegible que los canse en el primer párrafo), sobre el concierto al que asistí el 12 de mayo, en la Sala Zitarrosa, de Hugo Fattoruso.

Es fácil anticipar que no habrá desperdicios en un concierto de Hugo, sobre todo para los que ya han escuchado parte de su discografía. Sin embargo, yo me anticipaba a algo más, y comprobé anoche que no me equivoqué, pero me quedé corta.
Había comentado con anterioridad que este concierto del Fatto sería el concierto de su historia, no porque hiciera un recorrido de todos sus paseos musicales a lo largo de su vida, sino porque se trata de un artista que ya ha alcanzado tal madurez en su desempeño, composición y sensibilidad musical, que provoca al instante ese estado de hipnotismo maravillado en el que escucha.

En esta ocasión, Hugo grababa su DVD por lo que las cámaras abundaban alrededor del escenario, luces extrañas saliendo de los rincones normalmente oscuros del escenario, un piano afinadísimo pero que por momentos, cuando interactuaba con los tambores de Rey Tambor, perdía amplitud expresiva, lo cual me dio mucha lástima. En sí considero que el sonido estuvo muy por debajo de lo que uno esperaría tratándose de este artista, tratándose de un DVD. La distribución de los instrumentos en el escenario fue curiosa y tramposa. Los tambores de Rey Tambor al lado del piano (me pregunto cómo harán para editar las tomas de los micros del piano, con tamboriles metiéndose por doquier), las guitarras al lado opuesto de Hugo, con un monitor intempestuoso, los caños también muy cerca del piano, y una bata de Osvaldo, con dos micrófonos aéreos danzando sobre los platos... Todo muy extraño a pesar de tratarse de la grabación de un DVD en vivo.

Hugo tocó solo el piano, cantó con una voz que llegó a los límites de su capacidad, se emocionó sobriamente, tocó el acordeón a piano también en soledad, pero siempre acompañado de las miradas y el silencio respetuoso del público.
Sin embargo, lo más notable fueron sus conversaciones con sus invitados, entre los cuales destacaría a Osvaldo en la bata, con quién tocó un tema que aparece en su disco Varios Nombres, al cual introdujo diciendo: "Este disco sólo se encuentra en Argentina". Lo mismo ocurrió cuando tocó un tema del disco Homework (que no está a la venta en Uruguay). La batería de Osvaldo sonó de forma espectacular, no sólo por la afinación de la misma, sino porque quizás el mayor logro del sonidista fue la colocación y ecualización de esos micrófonos.
Las composiciones más complejas y más íntimas fueron quizás para mí, las que tocó al principio, junto a un guitarrista argentino en algunas o a trío con los antes nombrados y Nicolás Mora (quien logró arrancarme lágrimas aún antes de tocar... pero esa es otra historia). Estas piezas forman parte del disco Dos Orientales, que sólo se encuentra en Japón (y parece que próximamente se editará en Argentina), y que lamentablemente me deja siempre con la sangre en el ojo no tener. Es duro darse cuenta lo que uno se está perdiendo de ese disco. Algún día lo escucharemos.
La intervención del bajista, el trombón y el saxo soprano en uno de los temas, fue más que bienvenida, y por supuesto Rey Tambor, dejó bien asentado de dónde es Hugo, y de dónde somos los que lo fueron a ver (al menos en su mayoría).

No hay pretensiones en este concierto. Fue una reunión de amigos, íntima, sin sensacionalismo, donde prevaleció la música como lenguaje. Retomó al final 2 de los primeros temas, acompañados de guitarras para tener más tomas para el DVD.

En el cierre del concierto, Hugo nos avisó que el tema que tocarían a continuación forma parte del disco recién salido a la venta con Rey Tambor, llamado Puro Sentimiento, y que por cuestiones de contrato con Sondor, éste no sería grabado... Sin comentarios al respecto.

Como nota de color... estar en la segunda fila obliga a pegar alaridos entre canción y canción, pa que el tipo sepa que uno está acá, viéndolo y celebrando cada momento. La señora sentada al lado mío, sin embargo, parecía no estar de acuerdo con mi emoción desbordante, ya sea por el volúmen, el timbre, o la frecuencia de mis gritos pelados... por lo que tuve que hacer cambiazo de asiento y preguntar a mis nuevos vecinos si tenían algún problema con que gritara sin tapujos entre canciones.

Un placer de velada que para mí fue también otra oportunidad de reencontrarme con amigos. Ha sido además el concierto más importante de Hugo, de su carrera, en mi humilde y no siempre compartida opinión. Espero que el DVD le rinda honor a este artista tal cual los que fuimos a verlo, escucharlo y reverenciar se calidad artística.


Vengan! Disfruten! Aplaudan! Es la manera más visible y directa que tiene el artista de sentir que su trabajo es reconocido y que ha podido cumplir su tarea.




(Cuando sea grande voy a ser fan de IU. ¿Y vos?)