06 abril 2011

No entiendo

Parece que los argumentos más convincentes de las discusiones en las que he participado últimamente, apuntan a una sola cosa. "Ahora dijiste cosas de las que no te podés arrepentir" o "hay cosas que dijiste que no se pueden retirar", me dicen.
¿Por qué la gente se ensaña en convencerse de que las opiniones de uno, lo que dice en determinado momento, debe ser inamovible? ¿Para qué somos humanos? Si no le erramos, si no cambiamos, ¿de qué sirve la conciencia de ser?
No estoy de acuerdo. Digo cosas que me parecen las correctas en el momento que las digo, digo cosas de las cuales estoy convencida, o en el proceso de, lo cual no quiere decir que mañana o en 1 año o en 20 años no cambie de opinión sobre ellas. No, no me voy a arrepentir de decirlas. Sin embargo, sí hay gran probabilidad de que más adelante vea las cosas con otro cristal, y me diga: "mirá, ya no pienso así", o "ya o actúo así", o "ya no reacciono así".

Quizás lo que no entiendo es el uso de la frase. Usar esa frase como un ataque, como una amenaza a la conciencia, una premonición de que ahora el infierno me va a tragar porque dije tal o cual cosa. Mal uso de la expresión entonces. ¿Es posible que mi opinión no sea compartida?... si. ¿Tal vez el verdadero kid del asunto es que mi honestidad al respecto de algo sea hiriente o suene cruel?... podría ser dependiendo de la temática, pero si no lo digo, pecaría de hipócrita. ¿Es posible que mi opinión sea errada o desviada del tema principal de discusión?... lo es, pero no insistiría sobre algo de lo cual no estoy convencida al menos en la mayor parte. ¿Es posible que la frase sea una reacción inmediata al enfrentamiento con una idea sobre la cual es probable que tenga razón, y esa razón o esa idea, no es la que el otro quiere escuchar?... Esto creo que es en realidad lo que motiva una gran mayoría de las ocasiones en las que escucho que me contraargumentan con alguna de las frases que dije al principio.

No me asusta el acertijo, de todas formas. No me asusta cambiar de parecer, o de idea. No me molesta que mañana me despierte y una epifanía me indique que sobre ese tema de discusión ahora vea la luz absoluta, o un ancla me tire del pie insistiendo en que ese pensamiento que comuniqué estaba mal. Alguna de estas cosas siempre pasan si es que lo que buscás es crecer, y no tener siempre la razón.
Yo no quiero tener la razón, ese no es mi objetivo. Mi meta es comunicar mi punto de vista, sea errado o certero. No sé por qué para mis interlocutores parece que la cosa es ver quién gana el argumento, como si fuese un torneo, sin importar el contenido.