23 julio 2011

Liliputienses XVI - Mandy, la constructora

Mandy se inclinó levemente sobra la mesa del comedor para verificar la estructura del castillo de cartas que acababa de construir. Pareció estar satisfecha con el resultado del segundo piso por lo que tomó dos cartas más del mazo para comenzar el tercero.
En ese momento me vio a través de la ventana y me llamó con su grito acostumbrado.
- Dhaaar! Volviste! Vení. Ayudame a armar esto! - Dijo señalando su castillo y haciendo amplios ademanes para que entre.
Su madre, escuchando el saludo, me abrió la puerta pocos segundos después y me saludó con singular alegría.
- Qué bueno que vuelvas por acá, Dharma. Ya me habían contado que estabas en el páis. ¿Te quedás? -
- Por el momento, es el plan. -
Me guió al comedor donde Mandy ya había colocado el tercer piso del castillo y me sonreía radiante. Se abalanzó con su acostumbrado abrazo-ventosa.
Fue entonces que me di cuenta cómo había crecido. Sus brazos ya acarcaban mi cintura hasta la espalda y había ganado por lo menos unos 15 cm desde la última vez que la vi.
- Qué grande que estás, Mandy! Ya sos toda una señorita. -
- No. Dhar. Soy la misma aunque mi cuerpo sea más grande. - Me contestó.
- Ah! Bueno. ¿Eso te hace menos señorita entonces? - Le dije, divertida.
- Ja! Te extrañé. ¿Te vas a quedar o te vas de viaje de nuevo? -
- La vida siempre es un viaje, pero por ahora, esta es mi parada. -
- Genial! Entonces ayudame con mi castillo. -
- Pero tu castillo viene bárbaro así. No necesitás mi ayuda realmente.-
- Claro que necesito! Aunque se vea bien, tiene algún problema. Me pasa que siempre armo el castillo hasta el tercer piso pero cuando le pongo el cuarto piso, se me cae. Nunca puedo. Necesito una segunda opinión, como dice mamá. -
- Oh... Ok. Veamos... - Le dije, más que nada sorprendida por el último comentario de Mandy.
El castillo se veía bien, o por lo menos parecido a los que yo solía hacer. Dos cartas en V invertida, al lado de otras iguales, y una encima, De hecho, la construcción me pareció muy regular y derechita. A veces uno tiende a inclunarse para algún lado y ahí es cuando se caen al llegar a los pisos más altos.
Finalmente comenté:
- Mandy, yo no veo problemas con la estructura. A veces no es ese el problema sino el pulso de uno, y la paciencia, cuando se llega a los últimos pisos. ¿Te tiembla mucho la mano cuando llegás al cuarto piso? -
- No sé, Dhar. Pero ya está! Ahora que estás, vamos a probar y tú me decís. -
- Bueno. -
En ese momento, la madre de Mandy, que seguía presente en el comedor, se apoyó en el marco de la puerta para observar la escena.
Mandy tomó dos cartas y las puso en posición de V invertida en el aire, y manteniendo esa posición, trasladó sus manos hasta la cima del castillo en construcción. Al llegar allí, cual si fuese una grúa, empezó a bajar sus manos sobre el lugar elegido para poner las cartas.
La estructura tambaleó un poco bajo el peso de la nueva incorporación, pero enseguida se detuvo. Mandy etonces repitió el procedimiento anterior, pero cuando estaba acercando las siguientes dos cartas, se inclinó sobre la mesa, muy a penas, y esta hizo vibrar el castillo que se desmoronó en todo un costado.
Enseguida Mandy me miró con alarma.
- Ves? Siempre pasa eso!! -
Estaba buscando mentalmente las palabras adecuadas para decirle a la niña en ese momento pero su madre se adelantó con un comentario inesperado desde la entrada de la sala.

- Por qué seguís empecinada en hacer esos castillos si se te caen? No es mejor que dediques tu tiempo en otra cosa? -
Yo ya estaba dispuesta a saltarle con las garras, pero Mandy fue más inteligente, y lo que le contestó, selló la discusión por completo.
- No, má. A mi me gusta hacerlo, me gusta mientras lo hago, aunque se me caiga. Soy feliz cuando lo armo. Y algún día me va a salir, pero para eso, primero se me van a caer muchos castillos. Si no se me caen ahora, entonces no voy a aprender nunca cómo hacerlos bien.-



(Dedicado para los que creen 
que los castillos de cartas, 
los de arena y los menos tangibles, 
llegarán a SER algún día realidad)

11 julio 2011

Palabras gigantes

Cuántas palabras menospreciadas, grandiosas, terribles, gloriosas, ingenuas, y simples, y sin embargo tan significativas.
Detrás de ellas, una imagen, o muchas, cientos de interpretaciones, millones diría, colores, sensaciones, emociones.
Palabras que se arrastran, que se alzan, que se llevan en la mochila, que se equivocan, que desfallecen, que desaparecen entre la boca y el oído.
Efímera vida la de las palabras gigantes. Pueden calmar fieras, arengar multitudes, cambiar vidas, pero mueren en su única labor: ser producto tangible de algo, alguien, y sin protestar, volver detrás de las bambalinas, donde el silencio es rey.
Amor, odio, vida, naturaleza, magia, maravilla, elocuencia, talento, luz, arte, encuentro, cariño, sonrisa, envidia, flor, niño, mujer y hombre, cielo, crecer, humanidad, guerra, infinito, soledad, alma, todo, nada, caos, meditación, muerte, cancer.

Subestimadas, sí. Gigantes, terribles y hermosas.

Hoy quisiera que alguna de ellas se llevara todo su significado también, ahí donde reina el silencio, habiendo sido a penas pronunciadas.

01 julio 2011

¿Qué va a llevar hoy, señorita?

- Buen día... eh... si... Hoy llevo un kilo de romance. Hace tiempo que no llevo de eso. -